En el mundo de la inversión, lograr una cartera equilibrada y diversificada es clave para gestionar el riesgo y maximizar la rentabilidad. De entre todos los activos que se tienen en cuenta para su inclusión, los bonos emergentes en divisa local suelen tener una asignación escasa, a pesar del enorme crecimiento de la propia clase de activos.
En este artículo le presentamos cinco razones por las que debería plantearse dar a la deuda de mercados emergentes en divisa local una asignación más permanente en su cartera. Este es el primero de una serie de artículos: los próximos profundizarán en varios asuntos clave que se presentan a continuación y el último de la serie ofrecerá un análisis preciso de la valoración en esta clase de activos.
Cinco razones para tener en cuenta los bonos emergentes
- El ineludible mercado del futuro
Los bonos emergentes en divisa local se ha acelerado en los últimos años, reduciendo el riesgo de convertibilidad y eclipsando el universo de divisas duras de mercados emergentes en tamaño absoluto. Esto no es ninguna sorpresa: la mayoría de los países aspiran a emitir únicamente en su propia divisa.
Por lo tanto, creemos que los bonos emergentes en divisa local es el mercado ineludible del futuro, dado que combina una buena rentabilidad con una mejor liquidez. Y aunque este carácter ineludible no garantiza una buena rentabilidad desde el punto de vista de los inversores, es hora de que le prestemos un poco más de atención.

- Un sólido contexto fundamental y político
Las economías emergentes han aprendido de las crisis pasadas, y esto las ha llevado a adoptar políticas fiscales más disciplinadas y políticas monetarias más proactivas. Muchos países adoptaron regímenes de tipo de cambio flotante, lo que les proporcionó flexibilidad frente a las conmociones externas y mejoró la balanza de pagos. Esto facilitó la acumulación de reservas de divisas, que a su vez permite una mayor flexibilidad de la política monetaria. Aunque esto no sea así en todos los casos, sí es cierto para todos los países del índice de deuda de mercados emergentes en divisa local (J.P. Morgan GBI-EM Global Diversified) con la única excepción de Turquía, pero incluso este país, afectado de forma crónica por una alta inflación, parece estar revirtiendo su rumbo actualmente, como demuestra un importante giro de 180 grados de sus políticas el año pasado.
Además, las principales economías de los mercados emergentes se volvieron cada vez más sólidas al diversificarse más allá de la dependencia de sectores o materias primas concretos, fomentando un crecimiento sostenible a través de los pujantes sectores de servicios y tecnología. Los sistemas financieros se fortalecieron y los marcos normativos se mejoraron, lo que se tradujo en unos sectores bancarios más sólidos y una menor vulnerabilidad. El índice de complejidad económica (ECI, por sus siglas en inglés) ilustra hasta dónde ha evolucionado una economía. El ECI de comercio es el ECI tradicional y «se basa en la geografía del comercio y captura la sofisticación de las exportaciones de un país». Además, «estima la capacidad de un país para producir y exportar productos complejos que requieren un alto nivel de conocimiento y habilidades». La complejidad económica está fuertemente correlacionada con el PIB per cápita y ha demostrado ser un buen indicador del crecimiento económico futuro.
El siguiente gráfico ilustra la evolución media ponderada por igual del índice ECI de un gran conjunto de economías emergentes frente a un gran conjunto de mercados desarrollados (MD). Aunque el ritmo de convergencia puede haberse ralentizado en los últimos años, la dirección sigue siendo constante.
