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Hay una nueva presión que no aparece en los manuales de liderazgo: mantener una versión impecable de uno mismo en LinkedIn.
Publicar logros, compartir aprendizajes inspiradores, celebrar éxitos del equipo… y hacerlo con la sonrisa y el tono adecuados.
El problema es que, detrás de tanta perfección, muchos líderes están agotados. Se esfuerzan no solo por dirigir, sino por parecer ejemplares. Y ese brillo constante empieza a pasar factura.
La trampa del éxito permanente
LinkedIn se ha convertido en el escaparate profesional por excelencia. Lo que antes era una red de contactos, hoy es un escenario. Y en ese escenario, el líder moderno siente que debe estar siempre encendido: mostrar visión, empatía, resiliencia, humor, propósito.
El resultado es una identidad pública que rara vez coincide con la realidad. No hay errores, ni cansancio, ni dudas. Solo crecimiento, networking y «lecciones aprendidas».



