Colombia, miembro de la Ocde desde 2020, es escenario de una campaña para reducir gases de efecto invernadero mediante un impuesto al consumo de carne y lácteos, cuya producción representa un 14,5 % de todas las emisiones, según Tapp, la ong que impulsa la acción.
Para el consumidor, el efecto inmediato de la medida sería un aumento en los precios, pero en contrapartida, la recaudación se utilizaría para mejorar la calidad de su alimentación al tiempo que se beneficia al ambiente, sostienen los autores de la campaña.
Carne en el plato
La iniciativa busca reducir la huella ecológica de esa industria, cuyos gases serán “el 81% de emisiones de 1,5 °C en 2050 si no se reduce el consumo”, sostiene la ong Tapp (sigla en inglés de “El verdadero precio de la proteína animal”, en traducción libre) .
“Los objetivos climáticos no se pueden alcanzar sin políticas para reducir el consumo de carne”, le dijo al diario colombiano El Tiempo Jeroom Remmers, director de esa organización, para quien “se debe gravar la carne como se hace con los combustibles fósiles”.
“Necesitamos comer menos carne para reducir, también, la deforestación, mejorar la salud pública y disminuir los costos de atención médica como resultado de su consumo excesivo”, agregó Remmers.