Si miras al cielo, es muy probable que algún diseño surgido en Paterna esté volando sobre tu cabeza. La culpa la tiene Comet, una firma nacida en 2007 que ha sabido hacerse un hueco de oro en la siempre exigente industria aeronáutica europea.
Su especialidad es la ingeniería aeroespacial de alto valor añadido, aunque tocan muchísimos más palos. Hablamos de un equipo de veinticinco profesionales curtidos en mil batallas, con una media de quince años de experiencia a sus espaldas.
Socios de los gigantes del cielo
En el mundo de la aviación comercial y militar nadie se la juega con proveedores de segunda. Por eso tiene tanto mérito que estos ingenieros colaboren en el desarrollo de colosos como el Airbus A350 XWB, el imponente A400M o el moderno Boeing 787.
Su enorme destreza con la fibra de carbono y los materiales compuestos les permite dar forma a piezas vitales. Estudian desde las alas hasta el fuselaje, pasando por los estabilizadores, aportando siempre estructuras mucho más ligeras y resistentes.
Desplegando antenas en el vacío
Pero donde realmente sacan músculo técnico es fuera de nuestra atmósfera. Han participado en más de cuarenta proyectos espaciales de primer nivel, diseñando componentes clave para lanzadores míticos como el Ariane V, el Soyuz o el cohete Vega.
Clientes de la talla de la ESA, Indra o Sener confían ciegamente en sus desarrollos. Un buen ejemplo es la línea «MODAR», unos enormes reflectores modulares que alcanzan los 22 metros pero que viajan plegados ocupando apenas un 10% de su tamaño.
Brazos robóticos y satélites mini
Tampoco se quedan atrás con sus mástiles «MODEM», unas gigantescas estructuras desplegables que pueden estirarse hasta cincuenta metros. Una tecnología de vanguardia que han sabido encoger y adaptar a la creciente moda de los pequeños satélites o cubesats.
De hecho, su versión ultracompacta «MODEM-CUBE» ya tiene billete reservado para volar al espacio en 2027 con la misión Scout Nanomagsat. A esto le suman inventos geniales como «DA-BOOM», un brazo articulado sin piezas metálicas que se despliega de forma suave y sin tirones.
Del espacio a las vías del tren
Aunque miren siempre a las estrellas, mantienen los pies muy bien anclados en la tierra. Esta misma obsesión por la precisión la trasladan al sector ferroviario, donde analizan componentes críticos para los trenes de alta velocidad, los bogies o los vagones de metro.
Incluso han creado sofisticadas máquinas de ensayo a medida para testear los acoples automáticos de los trenes. Un trabajo de ingeniería pura y dura que también aplican bajo el agua, diseñando modernas compuertas para submarinos y piezas para barcos de competición.
Energía limpia y talento cuidado
Su afán por diversificar el negocio les ha llevado a meterse de lleno en la industria de las energías renovables. Hoy, sus cálculos estructurales ayudan a crear parques fotovoltaicos más rentables y aerogeneradores capaces de exprimir mucho mejor la fuerza del viento.
Sin embargo, en Comet tienen muy claro que todo este despliegue de ingenio sería imposible sin cuidar el talento interno. Por eso apuestan fuerte por la flexibilidad real para conciliar y el respeto absoluto tanto a las personas de su plantilla como al medio ambiente. y la energía limpia. Comet aplica tecnología aeroespacial para optimizar la estructura de los parques fotovoltaicos y aerogeneradores, haciéndolos mucho más eficientes.
Desde la automoción hasta la maquinaria de pintura, también ejecutan proyectos llave en mano para el sector industrial. Un buen ejemplo de este poderío es su banco de pruebas hecho a medida para testear acoplamientos automáticos de trenes.