El Black Friday, que se celebra el próximo 29 de noviembre, cumple 68 años desde que se celebró por primera vez en los Estados Unidos. A pesar de su longevidad, en España, el primer año en el que se festejó la jornada de descuentos prenavideña fue en 2012. Ahora, siete años después, tanto el Black Friday, como el Cybermonday y el Single Day (11 de noviembre) son fechas marcadas en el calendario para las grandes compañías de consumo, que aprovechan para mejorar sus cuentas en el último trimestre del año.
Casi todas las empresas del sector consumo se benefician del Día del Soltero y el Black Friday. “Las compañías de consumo retail son obviamente las más beneficiadas por estas jornadas” asegura Vicent Lemoine, gestor de renta variable de La Française AM, que añade que “el e-commerce es claramente el que más gana en estos días de Black Friday, dados los actuales hábitos de consumo y las ofertas que hacen las empresas con mejores precios a través de sus canales online de última generación”. Por ejemplo, en 2018 Zalando duplicó su número de pedidos en comparación con el año anterior y atrajo a 220.000 nuevos clientes a su plataforma. Este único evento permitió a la empresa superar sus previsiones de beneficios anuales.
La situación de los consumidores en Europa y en Estados Unidos hace pensar que este nuevo Black Friday ayudará a las empresas a registrar buenos datos y a tomar el pulso directo a la economía “real”. Los recientes datos de consumo de Estados Unidos han sido muy buenos, y “hay que recordar que el consumo supone la mayor parte del PIB de EE.UU.” señala François Rimeu, estratega senior de La Française AM. Las tasas de ahorro son elevadas, la inflación salarial es positiva, los efectos de la riqueza también son positivos (debido a la apreciación de los mercados de valores y de los bienes inmuebles) y, aunque el apalancamiento puede ser significativo en algunas áreas específicas (préstamos estudiantiles, tarjetas de crédito, por ejemplo), aunque, en palabras de Rimeu “el coste de este apalancamiento sigue siendo aceptable”.
La situación es más o menos la misma en la eurozona, aunque con algo menos de optimismo. La confianza de los consumidores sigue mostrando fortaleza, sin embargo, lentamente va disminuyendo. Como en EE.UU., la tasa de ahorro europea es elevada y la inflación salarial positiva, lo que significa que, “mientras la tasa de desempleo siga bajando, no hay motivo para preocuparse por una disminución del consumo” advierte Rimeu.
La parte negativa es que los principales indicadores están empezando a mostrar puntos de inflexión en una serie de países en relación con las tasas de desempleo. Si se produjera una desaceleración en el mercado laboral, obviamente podría tener un impacto muy significativo en el consumo.