Por ahora, los datos hablan en voz alta a favor de una visión optimista de la economía estadounidense. Específicamente, el llamado Indicador de inflación subyacente (UIG) de la Fed de Nueva York, que apunta a ofrecer una evaluación más amplia de la tendencia inflacionaria que el índice subyacente del IPC, sugiere que al menos en los próximos quince meses la inflación podría fortalecerse aún más.
Según apunta Agnieszka Gehringer, analista senior del Flossbach von Storch Institute, es probable que la medida refleje actualmente el «impulso positivo creado por la reciente reforma tributaria». Los efectos potenciales de las recientes medidas de política comercial aún «no se han materializado».

En el caso de los aranceles de importación sobre bienes de consumo final, los precios de los bienes importados aumentan. Si, como resultado, los consumidores desvían parte de su consumo hacia la producción nacional, «el PIB podría aumentar, lo que reforzaría el aumento de los precios», señalan estos expertos.
Si se aplican aranceles a los bienes intermedios importados, los bienes de consumo producidos en el país también se vuelven más caros. El PIB podría eliminarse si los insumos importados pudieran ser sustituidos por los insumos producidos en el país.