En los últimos tiempos, las empresas se han visto obligadas a enfrentarse a un fenómeno laboral más sutil que el burnout y menos visible que la «renuncia silenciosa»: el quiet quitting.
No se trata de una despedida dramática, sino del arte de hacer lo mínimo en el trabajo mientras se mantiene la apariencia de compromiso.
Como sucede con cualquier fenómeno corporativo, el quiet quitting es complejo y, en ocasiones, inevitable. En términos simples, ocurre cuando un empleado hace lo justo para no ser despedido.
¿Qué es el quiet quitting?
El quiet quitting no es nuevo, aunque se ha hecho viral gracias a su difusión en redes como TikTok. En esencia, describe la actitud de quienes cumplen únicamente con su descripción de funciones, sin aportar tiempo extra ni asumir proyectos adicionales. No supone abandonar el puesto, sino renunciar a la idea de «dar más de lo esperado».
Causas principales
El fenómeno no responde por si solo a la falta de compromiso individual. Normalmente, se produce después de un tiempo en la empresa con un compromiso máximo. Los expertos señalan factores estructurales que lo explican:
