A diferencia de sectores que continuaron activos durante la pandemia, como el alimentario, la construcción, el agro y parte del comercio, la industria automotriz de Latam, concentrada en México y Brasil, suspendió su actividad en marzo. Como las plantas se abastecen de piezas fabricadas en varios países, la paralización fue semejante a un apagón en el continente.
A fineales de junio, después de un trimestre prácticamente en la oscuridad -y aún cuando los contagios continuaban, particularmente en Brasil-, el sector comenzó a ensayar una reactivación innovando en la producción, distribución y comercialización de sus vehículos. Las personas también fueron adaptándose a la estandarización que la nueva normalidad supone para el transporte.
Así, el desplome en la fabricación de vehículos y la cancelación del tránsito aéreo son los disparadores de la redefinición -a escala urbana, interurbana e internacional- por la que pasan los conceptos de movilidad en toda la región. Una nueva generación de consumidores, la caducidad de prácticas inocuas hasta sólo seis meses atrás y una conciencia emergente sobre el modo mismo del desplazamiento son parte de la reformulación.
Industria regional
México y Brasil, las dos potencias económicas de la región, son, además, los únicos países latinoamericanos que aparecen en el ránking anual que elabora la Organización Mundial de Constructores de Automóviles (OICA, en inglés) con base en la fabricación de turismos, vehículos comerciales y autobuses.
Con 3,98 y 2,94 millones de unidades fabricadas en 2019, estos países ocupan el sexto y octavo lugar, respectivamente, según los datos presentados en marzo de 2020 (España, el noveno, con 2,82 millones). El primero -lejos- siguió siendo China, con 25,72 millones manufacturados dentro de una producción mundial de 91,78 millones de unidades.