La “excepción ibérica” aprobada por la Comisión Europea para abaratar el precio de la luz tanto en España como en Portugal, funciona. Si recuerdan fue un empeño tanto del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, como del luso Antonio Costa, que está vigente, de facto, desde el pasado 14 de junio.
Se trata de una medida que estará vigente hasta el 31 de diciembre de 2023 y que alcanzará en España la cifra de 6.300 millones de euros. El abaratamiento como tal no se ha producido en los recibos de la luz que pagamos, pero, es un hecho que mejora, y mucho, la factura que pagaríamos sin la puesta en marcha de este mecanismo.
El precio de la energía sigue subiendo
¿Cuál es la razón por la que la “excepción Ibérica” no abarata como tal la factura de la luz? Se trata del cada vez mayor incremento que se está produciendo en el precio de la energía. De esa forma, aunque la medida está en marcha desde casi el comienzo del verano, el coste energético y el que pagamos familias y empresas cada mes es, paradójicamente, cada vez mayor.
De ahí que, en el mes de agosto, y en datos de la OCU, la Organización de Consumidores y Usuarios, los españoles hayamos pagado la segunda factura de la luz más cara de toda nuestra historia, con una media de casi 131 euros, un 14% superior a las del mes de julio. Aunque la subida duplica con creces la que pagamos el año pasado en España en plena temporada de vacaciones, un 68,4% superior.
A pesar de todo ello, ante ese encarecimiento generalizado de la energía en Europa y en España, donde la climatología ha desbocado el precio mayorista del gas que interviene en el proceso, la “excepción ibérica” coloca el coste del recibo por debajo de lo que pagaríamos sin la puesta en marcha de este mecanismo. Hablamos de algo más de 20 euros más si no existiera, del orden de los 151,5 euros es lo que hubiéramos pagado por la luz sin su aplicación en nuestro país.