Los inversores comenzamos el año con cierto optimismo, aunque de manera prudente dada la magnitud de las correcciones de mercado durante los últimos meses de 2018. Se preveía que el crecimiento de la Eurozona estaría por encima de la tendencia, alrededor del 1,5% este año. El Banco Central Europeo (BCE), que durante la última década ha apoyado la economía y los mercados a través de tipos de interés muy bajos y de medidas de expansión cuantitativa, hablaba de endurecer la política monetaria, por lo que había confianza en la economía europea. En enero, las estimaciones de crecimiento de los beneficios empresariales para el ejercicio se situaban en torno al 10%.
Hoy se estima que la economía de la Eurozona crecerá por debajo de la tendencia, alrededor del 1% durante los dos próximos años. A principios de septiembre, el BCE redujo el tipo de interés de la facilidad de depósitos de -0,4% a un nuevo mínimo histórico de -0,5% y afirmó que volvería a comprar 20.000 millones de euros en bonos cada mes, reconectando los mecanismos de soporte vital a la economía. Como reflejo de esto y de los problemas que afectan a la economía mundial, como las tensiones comerciales entre EE.UU. y China, hemos visto una serie de rebajas de previsiones, y los analistas ahora esperan que el crecimiento de los beneficios de las empresas europeas sea de sólo un 2% en 2019, lo que supone una diferencia significativa con respecto a lo que se preveía a principios de año.
Rebajas de estimaciones
Este cambio no nos sorprende. A lo largo de la primera mitad del ejercicio el mercado experimentó un rally y el índice FTSE Europe retornó un 16,7%, con lo que nosotros preferimos seguir siendo cautelosos. Nuestra preocupación de que el mercado se haya dejado llevar y quizá sea demasiado optimista sobre el crecimiento para 2019, dado el deterioro del entorno económico mundial, ha demostrado ser cada vez más certera.
Los resultados empresariales del segundo trimestre del ejercicio superaron, en general, las expectativas más bajas, ya que el 51% de las empresas declararon datos que superaron las previsiones. Cabe señalar, sin embargo, que “haber superado las expectativas” en muchos casos fue el resultado de que las expectativas se ajustaron a la baja antes de los resultados del segundo trimestre en un contexto político y económico que muestra pocos signos de mejora y que parece demasiado optimista. Mientras tanto, parece que los analistas se muestran reacios a ajustar sus cifras a largo plazo, ya que todavía se espera un crecimiento de los beneficios del 9,8% en 2020, y un nuevo aumento del 8% previsto para 2021. Esto parece más un deseo que una posible realidad.