Ninguna empresa está exenta de riesgos en la era de la globalización, la digitalización e Internet de las Cosas. La cultura del “siempre conectados”, en la que las fronteras de la vida profesional y personal ya no son tan nítidas, solo complica el escenario. Por otra parte, la actividad empresarial se basa en tecnologías tales como Movilidad, IoT, Cloud, Virtualización, Inteligencia Artificial… lo que obliga a dedicar un mayor esfuerzo en la protección de los activos, incluidos los datos de clientes y proveedores, en un escenario, a menudo, complejo y desconocido.
Atacar es Sencillo
Las posibilidades que tienen ahora los hackers son muchas y muy variadas. Ni siquiera hace falta ser un informático experto para llevar a cabo un ataque, que puede llegar a ocurrir por un error en la configuración o protección de un equipo, o por un mal uso del mismo. Ante ese escenario, ya no tiene sentido protegerse solo de posibles ataques sofisticados y dirigidos específicamente a nuestro negocio. Nuestra empresa puede ser víctima colateral en un ataque a otras compañías, sectores o regiones geográficas. Eso nos obliga a todos a velar no solo por la seguridad de nuestra propia empresa, sino también por evitar que se convierta en el punto débil dentro de un sistema conectado y que acabe afectando a un tercero.
No se Puede Proteger Todo
En cuanto a los activos a proteger, debemos ser conscientes de que ya no es posible proteger todo y eliminar todos los riesgos. Eso requiere priorizar y empezar por lo más importante. Cada empresa sabe mejor que nadie de qué activos dispone y cuáles son críticos para que sus operaciones se desarrollen con normalidad. Por eso, es recomendable que cada una defina bien cuáles son los recursos y datos que hay que asegurar para garantizar la actividad.