1. Un perfil, unos productos. Un buen asesor financiero debe conocer perfectamente el perfil de su cliente (riesgo, capacidad inversora, situación personal, etc) y nunca le recomendará productos que no se adapten a sus necesidades.
2. Sin prisas ni presiones. Un asesor financiero responsable no apremiará a su cliente para que firme algo de lo que no está totalmente convencido. Una frase como "la oferta de este producto termina mañana" debería despertar las alertas del inversor.
3. Información por escrito. Un asesor responsable y ético le facilitará a su cliente toda la información del producto financiero por escrito, para que pueda estudiarla y revisarla con calma: posibles comisiones, las penalizaciones, los cargos, las tasas de interés, los riesgos, etc.
4. Varias alternativas para el cliente. El asesor no se empecinará en ‘colocar’ ciertos productos. Si el cliente no está convencido, se le pueden proponer varias alternativas acordes con su perfil y siempre aclarando las ventajas e inconvenientes que entraña cada opción.
5. Asesor cualificado vale por dos. Un asesor debidamente formado puede suponer una gran diferencia económica para el inversor, al optimizar sus decisiones y evitarle decisiones de ahorro equivocadas.