La elaboración de las alfombras de colores para las procesiones es una de las tradiciones más populares de la región. Comúnmente hechas con serrín o sal, estos materiales se tiñen para crear formas y dibujos con gamas espectaculares. También se pueden usar materiales como piedras, flores o papeles.
Antigua, en Guatemala, es probablemente el lugar más emblemático de la zona, y su Semana Santa es conocida en todo el mundo. Contiene procesiones no sólo bellas y espectaculares sino también multitudinarias, entre las que destacan las de Jesús Nazareno de Santa Catalina de Bobadilla o la de Nuestra Señora de la Merced.
A pesar de sus semejanzas con las celebraciones españolas, el fervor católico guatemalteco destila tintes mágicos debidos a la combinación entre el catolicismo y la religión maya, cuyos elementos también están presentes esa semana y que se ven en detalles como la presencia de mariposas (símbolos del Sol, una de las máximas deidades mayas) en las alfombras decorativas.
Paradójicamente, en éstos dos últimos, a pesar de los esfuerzos de los colonizadores, los nativos encontraron formas de continuar con sus ritos ancestrales, característica que sigue presente en su forma de vivir la religión. Por eso durante las procesiones se ven indígenas chamanes y por eso las hermandades también mantienen parte de esta herencia conservando los atuendos autóctonos en sus celebraciones.
En Honduras, los principales desfiles tienen lugar en Tegucigalpa. El blanco se impone durante el Jueves Santo y el viernes está protagonizado por la procesión del Santo Entierro, que suele recorrer las calles principales de las ciudades.