Es muy difícil diseñar un teléfono estándar que valga para todo y para todos. Resultaría en algo tan insulso como los refrescos de cola o la cerveza industrial de marca blanca; pero es que en cuanto te metieras en matices, la producción a escala no compensaría. Se trata de fabricar algo lo más neutro posible, y eso sí, aquilatar en la suma de componentes para ofrecer una calidad mínima y un precio (o margen, según el lado desde donde se mire) más atractivo. El secreto está quizás en lograr un modelo básico, a partir del cual poder ir añadiéndole características y personalizaciones que no supongan mucho desajuste, y lo ideal sería poder montarlo en el mismo punto de venta, para no comprometer grandes volúmenes de inmovilizado en los contenedores de un puerto asiático.
Pero si preguntáramos a cada usuario, seguro que cada uno daría una configuración muy distinta en función de sus gustos y preferencias, por lo que este tipo de información sólo sirve de orientación hacia dónde van las tendencias. Se quieren prestaciones, un diseño atractivo y facilidad de uso pero, sobre todo, se quiere poder disfrutar de su teléfono sin miedo a quedarse sin carga en el momento más inoportuno. El sistema operativo, la pantalla, el diseño, el peso, la marca, la batería, el rendimiento, la cámara de fotos… la lista de elementos a tener en cuenta es "laaarga" y las diferencias entre una y otra en distintos modelos a veces muy acusada.
Sin embargo, lo que está claro que más echan de menos los usuarios, es la autonomía que tenían los primitivos teléfonos de concha de la 2G y 3G sin tráfico de datos, cuando las personas usaban el teléfono básicamente para lo que servía, esto es, para hablar, y que podían estar operativos varios días sin problemas. Claro, que la clave está en eso precisamente, en la ausencia de tráfico pesado, de varias aplicaciones abiertas simultáneamente, de visionado de vídeos desde el Whatsapp y de escucha de música on-line en Spotify. Ahora queremos hacer todo eso con nuestro "telefonino"… y se nos evaporan los mAh a velocidades de vértigo.
Sin duda, la batería se ha convertido en el principal dato en la decisión de compra, por encima del tamaño de pantalla o incluso del precio. El sistema operativo es lo segundo que se mira, y dentro de esto, la versión del Android (pues con mucho copan el 80% de la cuota de mercado). No es lo mismo el Ice Cream Shandwich (v.4.0) que el Jelly Bean (v.4.1-4.3) que el KitKat (v.4.4; nótese la evolución del nombre en clave siguiendo un orden alfabético desde aquellos Apple Pie y Banana Bread de 2009, pasando por los Cupcake y Dónut de la v.1, los Éclair, Froyo y Gingerbread de la v.2 hasta los Honeycomb de la v.3).
Es dentro de los usuarios de Android donde el porcentaje que da mayor importancia a la duración de la batería es más elevado, 56%, seguramente porque tienen más donde escoger que un iPhone o un Blackberry, que van a un público con otro perfil más "cautivo", en los que la marca o fabricante del terminal es lo más importante en un 68%. Así lo revela el último estudio de ConsumerScape 360, publicado por la consultora IDC, donde se señala también que la duración de la batería preocupa, pese a todo, al 49% de los usuarios de Apple y al 53% de los que apuestan por Windows Phone.