La inflación sigue siendo el enemigo público número uno en todas y cada una de las parcelas de nuestra economía. Es el gran culpable de las subidas de los tipos de interés en la eurozona, del encarecimiento del euríbor y de que, como bien señalan los principales organismos que estudian la situación de nuestra economía- desde Funcas a CaixaBank Research- perdamos poder adquisitivo a manos llenas en lo que va de año.
Así, ya sabemos que los convenios cerrados hasta noviembre, según los datos de Estadística, prevén un alza media en los salarios del 2,69%, unas cinco centésimas por encima de lo cerrado en octubre. Eso supone un nivel que es 2,5 veces el nivel medio de inflación, que cerraba el undécimo mes del año en el 6,8%, claramente a la baja desde los máximos del verano. Además, se espera un recorrido a la baja incluso más claro de los precios, confirme evolucione 2023.
Pero, por otro lado, se encuentra encima de la mesa el denominado efecto de segunda vuelta o de segunda ronda sobre la inflación. Y es que, si los sueldos siguen la misma espiral que los precios de consumo, la inflación puede convertirse en estructural, en una gran bola de fuego de subidas siguiendo al IPC. En este punto, las próximas semanas serán clave para establecer la subida salarial de las grandes empresas de nuestro país.
Subidas ya pactadas por las grandes empresas
Sobre la mesa se encuentran ya las subidas de algunas empresas de distribución, aunque el convenido general de Anged, la asociación que les agrupa, no se ha negociado. En el caso de supermercados Día, el incremento pactado es a tres años, del 12% y que regirá para sus más de 15.000 empleados en España.
Si miramos a Mercadona, durante el presente ejercicio elevó el salario a sus trabajadores, más de 93.000, en un 6,5%, lo que le supuso un sobrecoste de 212 millones de euros, y espera al cierre del año para ver el nivel de IPC, al que tiene supeditada la subida del próximo ejercicio.