En el momento en que los responsables de compras de las empresas empezaron a principios y mediados de la década de los 2000 a hacerse preguntas del estilo: «¿Está Linux listo para la empresa?», ya se estaban realizando las preguntas incorrectas o, al menos, de forma tardía.
El software de código abierto ya tenía propiedades atractivas desde el principio: flexibilidad, libertad, adaptabilidad y control por parte del usuario. Las plataformas y aplicaciones de código abierto estaban ganando rápidamente los requisitos empresariales tradicionales en los que los administradores de TI solían enfocarse, como la escalabilidad vertical, la fiabilidad, el rendimiento y las funcionalidades. Pero la aplicación ERP tradicional, aunque a menudo sea una parte importante de la infraestructura heredada, representaba el pasado y no el futuro.
Twitter, Netflix y Facebook estaban aterrizando. Los proveedores de la nube comenzaron a ofrecer computación bajo demanda. El sector móvil estaba en auge. Las compañías online como Amazon sacudieron por completo industrias masivas. El código abierto era y es omnipresente en estas e innumerables empresas de nueva generación. Pero tal vez estas empresas no eran aún tan «reales» y todavía estaban bien los anticuados enfoques y las viejas tecnologías, siempre y cuando no fueras una de ellas. ¿Verdad?
Bien, pues sobre la mesa estaba la cuestión de que el código abierto estaba ganando notoriedad rápidamente en industrias tradicionales y expertas en tecnología como los servicios financieros. Con Linux y el código abierto impulsando muchas de las bolsas de valores del mundo y otros tantos sistemas críticos, era cada vez más evidente que el código abierto encajaba perfectamente con muchos tipos de infraestructuras informáticas masivas, incluso aquellas que tendemos a considerar como «tradicionales», aunque haya cada vez menos.