Miles de millones es lo que les ha costado y costará a las automovilísticas los escándalos por la manipulación de emisiones de CO2 y airbags defectuosos. Unos costes que han dejado muy tocado al sector empezando por la gran protagonista, la primera en reconocer que falseaba datos para beneficiarse de subvenciones: Volkswagen. Tal es la dimensión del ‘dieselgate’ que los directivos de la compañía aprovechan cualquier ocasión para pedir disculpas a pesar de que, a la hora de indemnizar, no traten a todos sus clientes bajo el mismo rasero.
El impacto para Volkswagen se refleja en sus resultados de 2015, un ejercicio lastrado por las provisiones realizadas para hacer frente a los costes judiciales, las modificaciones técnicas de los motores y las recompras de vehículos. El ‘dieselgate’ costará 16.000 millones de euros y para la automovilística alemana ha supuesto una reducción en su beneficio neto del 19% en el primer trimestre de 2016.
El ministerio de Transportes alemán emprendió entonces una investigación para descubrir nuevas ‘manzanas podridas’ en el sector. Encontró dieciséis, entre ellas Opel, cuyos filtros de limpieza de emisiones solo funcionan en determinadas circunstancias, como los test de emisiones, y el resto del tiempo son ineficientes.
Japón, segundo epicentro del fraude
El otro gran escándalo del sector lo protagonizó Mitsubishi al reconocer que manipuló la eficiencia de los neumáticos desde 1991 para que aparentaran consumir hasta un 10% menos. El impacto en sus cuentas es impredecible, ya que la compañía tendrá que hacer frente a indemnizaciones millonarias y a sanciones por parte del Gobierno japonés por las subvenciones recibidas de forma fraudulenta.