Ubicadas en Arteixo, Galicia, las oficinas de Zara forman parte del enorme campus corporativo de Inditex, una de las empresas más influyentes de España. El edificio, diseñado por Batlleiroig, alcanza 63.184m² de superficie, una escala poco habitual incluso para grandes sedes empresariales.
Desde el primer vistazo se percibe una identidad muy clara: colores blancos, grises y azules que dominan toda la arquitectura. Esta paleta genera una sensación constante de orden, limpieza y serenidad, algo que se mantiene tanto en el exterior del edificio como en todos sus espacios interiores.
Un volumen blanco abierto al paisaje
La arquitectura se reconoce por su fachada blanca marcada por un ritmo vertical de grandes ventanales. Esta repetición de módulos genera una imagen sobria y uniforme que encaja con el resto del campus de Inditex.
Pero el vidrio no es solo una decisión estética. Las enormes superficies acristaladas permiten que la luz natural recorra prácticamente todos los espacios de trabajo, algo especialmente valioso en un entorno como el gallego.
Desde el interior, los empleados trabajan con vistas constantes al exterior. Árboles, césped y vegetación rodean el edificio, conectando el workplace con el paisaje natural que envuelve el campus.

El gran atrio y las escaleras del edificio
Al entrar aparece uno de los espacios más reconocibles del edificio: un gran atrio vertical inundado de luz natural que conecta todas las plantas.
Aquí se concentran las diferentes zonas principales mediante escaleras abiertas y ascensores completamente acristalados, que permiten recorrer el edificio manteniendo siempre una visión global del espacio.
Las escaleras no se esconden en núcleos cerrados. Se sitúan en lugares visibles y amplios para fomentar el movimiento interno y la interacción entre los trabajadores.

Espacios de trabajo abiertos y de gran escala
Las plantas de trabajo destacan por una característica evidente: la escala del espacio. Algunas áreas alcanzan alturas cercanas a los cinco metros, lo que genera una sensación de amplitud poco habitual en oficinas.
El interior recuerda por momentos a una nave industrial reinterpretada como espacio creativo, con grandes plataformas abiertas donde apenas aparecen pilares intermedios.
Esta configuración permite crear espacios de trabajo extremadamente flexibles, donde los equipos pueden reorganizarse fácilmente según las necesidades de cada proyecto.
La iluminación sigue la misma lógica del edificio: luz clara, homogénea y agradable, suficiente para trabajar durante horas sin resultar intrusiva.

Reuniones, recorridos y decisiones estratégicas
Además de las grandes áreas abiertas, el edificio incorpora salas destinadas a reuniones y sesiones estratégicas. Algunas de ellas se organizan con mesas dispuestas en círculo o en forma semicircular, generando espacios similares a pequeños auditorios.
Estos lugares permiten que equipos completos puedan reunirse para definir proyectos y tomar decisiones, algo esencial en una empresa global como Inditex.
La escala del edificio también se percibe en sus recorridos. Los pasillos son largos, amplios y luminosos, conectando las diferentes áreas sin generar sensación de saturación.

Un campus rodeado de naturaleza
El entorno exterior forma parte esencial del proyecto. El campus incorpora un bosque con más de 300 árboles sobre un gran tapiz vegetal, que mejora la calidad del aire y aporta zonas verdes al complejo.
Este paisaje introduce un contraste interesante con la arquitectura blanca del edificio. No todo es estructura y vidrio: la naturaleza también forma parte del workplace, ofreciendo espacios exteriores que complementan uno de los entornos laborales más grandes del país.
Dentro del campus de Arteixo, estas oficinas consolidan uno de los centros de trabajo más extensos del sector moda en Europa, donde arquitectura, paisaje y escala empresarial conviven dentro de un mismo entorno.
