China es la segunda economía del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos, y sobre sus "hombros" ha recaído una cuarta parte del crecimiento mundial desde 2005. El año pasado representó el 14% del PIB, medido en dólares, prácticamente la misma proporción que Japón, Alemania y Reino Unido.
Magnitudes alcanzadas a una velocidad de vértigo, pues en el año 2000, el gigante asiático su pero en el PIB mundial era inferior al 4% y su economía más pequeña que la de Reino Unido. Un tamaño, además, alcanzado mediante ingentes cantidades de inversión y apalancamiento, que ahora se están revirtiendo, para equilibrar el modelo, lo que deja al país en un momento de ‘metamorfosis’ hacia un sistema más centrado en los servicios y el consumo doméstico.
Así, los economistas de Citi describen que la economía China se encuentra en una transición, con parte en recesión y parte en situación sostenible. Cuantifican la parte en recesión en un porcentaje que podría ser un tercio del total (exportaciones y residencial) y advierten que este riesgo se está incrementando de la mano de la inversión.
La cuestión clave es si el país será capaz de ajustar el tamaño de la inversión productiva sin que este proceso acabe en una recesión. Para la firma no es fácil, sobre todo si tenemos en cuenta los elevados niveles de deuda privada, por lo que probablemente nos enfrentemos a dos o tres años de crecimiento "moderado". Oficialmente, indican, se trataría del 6,5%-7% marcados como objetivo para los próximos ejercicios, pero el crecimiento a medio plazo es ya del 5%.
Con todo, recuerdan que conocer los riesgos es lo adecuado, obsesionarse con que se pueden materializar puede ser un error. En este sentido, destacan que las políticas económicas expansivas y las reformas estructurales en marcha en China pueden ser claves para evitar el peor de los escenarios, un "aterrizaje forzoso".