Si alguna vez ha vivido de alquiler en Alemania, se habrá dado cuenta de que la mayoría de las lavadoras que se encuentran en los sótanos de los edificios para el uso comunitario han sido fabricadas por Miele. Esto no se debe a que los propietarios alemanes quieran ofrecer a sus inquilinos una marca glamurosa y costosa, sino a que saben que esta opción es más económica a largo plazo, como afirma el dicho popular, en numerosas ocasiones “lo barato sale caro”.
Es una muy buena forma de pensar y las generaciones futuras nos lo agradecerán por ser más sostenible, pero ¿por qué no es lo habitual entre los consumidores?
Obsolescencia programada vs Durabilidad planificada
En 1924, cuando el mercado del automóvil en EE. UU. comenzó a alcanzar el punto de saturación, General Motors se embarcó en una nueva estrategia de marketing, revelando nuevos cambios de diseño anualmente. La idea del «modelo de este año» nació y se alentó a los consumidores para que sintieran que debían sustituir su automóvil cada año. El diseñador industrial Brooks Stevens definió esta tendencia en la década de 1950 como «inculcar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario», y de esto se trata, tener que volver a invertir antes de lo que debería hacerse.
Hubo un tiempo en que los fabricantes se enorgullecían de fabricar productos que estaban diseñados para durar. Como hemos mencionado, no es porque no puedan, las habilidades y el conocimiento requeridos para construir tecnología duradera ciertamente existen, es porque la obsolescencia programada es una estrategia comercial.