Según los datos del Departamento de Comercio, las ventas minoristas de enero, excluyendo los automóviles, la gasolina, los materiales de construcción y restaurantes, creció tan solo un 0,1%, (se esperaba un 0,4%). El leve crecimiento del consumo en el primer mes del año, a pesar de los bajos precios de la gasolina y el impulso del empleo, ha dado lugar a diversas explicaciones: por un lado, que los americanos están utilizando este dinero extra para pagar deudas y ahorrar; por otro, la inflación. La vida se encarece en Estados Unidos y partidas como la salud, la comida o la renta van a subir en los próximos meses.
En cambio, la Federación Nacional del Comercio Minorista (NRF) espera que el consumo, que representa dos tercios de la actividad económica del país, de cifras más positivas a lo largo del año. Excluyendo la industria del automóvil, las gasolineras y los restaurantes, el crecimiento de las ventas minoristas será del 4,1% en 2015; en comercio electrónico, este incremento estaría entre el 7% y el 10%. Según la institución, entre los factores que van a animar el dato se encuentran el aumento de la confianza del consumidor o la caída de los precios de la energía. Entre sus predicciones para este año vemos el descenso del desempleo al 5%, un crecimiento del PIB entre el 2,7% y el 3,2%, y una la subida de la inflación al 1,5%. Su única gran preocupación es el devenir de la economía internacional, pero confían en la fortaleza del mercado interno para hacer frente a cualquier eventualidad.
La atención que prestamos al consumo estadounidense, por ser el primer mercado minorista a nivel mundial, bien podría desviarse en los próximos años. Según un informe de PwC y la Unidad de Inteligencia de Negocios del Grupo The Economist (EIU), China superará a Estados Unidos como mayor mercado minorista en tres años. El documento asegura que en el año 2018 el volumen de ventas crecerá en el país asiático un 7,8%, en comparación con el 2,6% de Norteamérica o la media global de 3,4%.
Conflicto laboral en la Costa Oeste
Al margen de las intenciones consumistas de los americanos, los productos tienen que llegar a las tiendas, complicado si no salen de los puertos. Según AP, la falta de acuerdo entre las operadoras de las terminales, las líneas navieras y los estibadores está perjudicando tanto el suministro de bienes a los comercios americanos como a las exportaciones del país. Las partes negocian un nuevo contrato desde el pasado mes de mayo, pero en las últimas semanas, las conversaciones se han estancado, lo que se ha paralizado la actividad de 29 puertos estadounidenses por los que pasa una cuarta parte del comercio internacional del país; este movimiento comercial equivale a un billón de dólares de carga anual.