En los tiempos que corren, y en los que vienen, ser ‘coopetidor’ ya se ha convertido en una buena opción. No nos hemos confundido de término, hablamos de la fusión entre la figura del ‘competidor’ y la acción de cooperar, para referirnos al trabajo en equipo entre organizaciones de un mismo sector y que se mueven en un mismo ecosistema con el fin de generar un crecimiento orgánico conjunto.
Se trata de una cooperación estratégica, en la que hay que compartir riesgos y recompensas en un camino que nos lleva a un objetivo común. Partiendo siempre de acuerdos transparentes que no interfieran en los intereses de las organizaciones implicadas, con respeto mutuo. Siempre poniendo sobre la mesa las fortalezas y debilidades de cada parte, aceptando nuestros errores con humildad, una base ideal para reaprender, corregir y, con ello, fortalecer nuestra estructura.
Ejemplos de estos objetivos a lograr los están marcando ya muchos de los retos que, como sociedad, tenemos por delante: las crisis sanitarias, el cambio climático, la tensión geopolítica, el déficit de talento promovido por las transformaciones tecnológicas constantes, etc. Afrontar estos gigantes en solitario puede ser un problema, sobre todo en los casos de pequeñas y medianas organizaciones, que no pueden abarcarlos todos a la vez.
Y todavía puede agravarse si complementamos esa labor en soledad con la competencia feroz que hemos visto en las últimas décadas, capaz de provocar cierres de empresas, despidos y situaciones complicadas para familias y colectivos. Algo que repercute, sin lugar a duda, a una peor situación económica generalizada. Por eso la figura del ‘coopetidor’ debe estar incluida en estrategias y modelos de gestión, con el fin de beneficiar a la sociedad en la que se opera.
Desde el Club Excelencia en Gestión hemos incluido todos estos conceptos en nuestros estudios de la gestión del futuro o Gestión 5.0. En ella hemos identificado tres palancas de acción principales: Personas y talento; Innovación y tecnología; y Alianzas y ecosistema, en la que hemos incluido al ‘coopetidor’. Está demostrado que los competidores que colaboran entre sí adquieren nuevos aprendizajes y alcanzan nuevas vías para enfrentar desafíos comunes.
