Fabiana Fedeli, CIO de Activos Múltiples, Renta Variable y Sostenibilidad de M&G, explica que los indicadores de éxito serán el grado en el que los compromisos se conviertan en acciones. El cambio de rumbo requiere voluntad política, responsables políticos ambiciosos, estrategias de aplicación y mecanismos de financiación.
La crisis energética mundial ha aumentado la complejidad del reto de abordar el cambio climático. Aunque no se prevé el éxito de ninguno de los compromisos a largo plazo, como la eliminación del carbón, el contexto actual. Con el telón de fondo actual, podrían limitarse más los compromisos a corto plazo.
Un marco para los países en desarrollo
Uno de los puntos clave de la COP de este año es el establecimiento de un marco para compensar a los países menos desarrollados por las "pérdidas y daños" relacionados con el clima debidos a la acumulación histórica de emisiones, con un acuerdo sobre un mecanismo o servicio a través del cual se pueda financiar. La Guía de Sharm El Sheikh para una financiación justa, presentada en la COP27, ofrece un marco destinado a acelerar los flujos de financiación climática, en particular hacia las economías en desarrollo.
La incapacidad de los países desarrollados para cumplir su compromiso de financiación de 2009 de 100.000 millones de dólares anuales para 2020, ha erosionado la confianza entre los países desarrollados y en desarrollo. Sin embargo, al observar que este compromiso representa sólo una fracción de la financiación mundial
para hacer frente al cambio climático, ahora hay que centrarse en reconstruir el impulso y ofrecer soluciones escalables para hacer frente a las carencias colectivas.
Aumento del gasto de capital y legislación específica
Un artículo reciente de McKinsey & Co estima que el gasto de capital acumulado en activos físicos (tecnología, infraestructuras y recursos naturales) para la transición a cero, tendría que pasar de una media anual de una media anual de 5,7 billones de dólares en la actualidad, a 9,2 billones de dólares hasta 2050.