Siempre es curioso ver cómo los bebés imitan lo que hacen sus padres cuando delante de ellos mueven las manos y hacen muecas, pero ¿El bebé lo hace de forma innata o aprende a imitar?
Según un estudio que la universidad de Queensland realizó a más de 100 bebés, la imitación no es algo innato al ser humano, es decir es algo que el bebé aprende al observar cómo los adultos copian lo que ellos mismos hacen hasta que llegan a entender cómo funciona el juego.
Por el contrario, para el psicólogo Álvaro Bilbao esta conclusión puede ser un poco prematura, entiende que lo observado en el estudio puede ser debido a que dicha capacidad sólo se desarrolle cuando se alcance un nivel de madurez suficiente, como sucede con el habla o con el andar. No somos capaces de hacerlo hasta que no estamos preparados para ello.
Sea cual sea el origen de la imitación, una cualidad innata o una cualidad aprendida, en lo que si están de acuerdo todos los expertos es en su importancia determinante para el aprendizaje y la mejora en el ser humano. No en vano disponemos en nuestro cerebro de un conjunto de neuronas denominadas espejo dedicadas a este fin.
Al contrario que los bebés, las empresas tienen miedo a copiar, pero, como hemos visto, compararnos con lo que hacen otros es muy bueno. Tan bueno que nos permitirá mejorar nuestra calidad.
Mejorar la calidad imitando
En el momento en que imitamos y nos comparamos con nuestros semejantes, probamos, comprobamos, testeamos para determinar qué es lo más correcto y eficiente. El imitar nos permite ser capaces de expandir nuestros límites y llegar más allá. Y bien, ¿de qué me sirve esta reflexión en el caso en que el producto software puesto en producción no alcance la calidad esperada?