Desde la crisis de 2008, se habla de una recuperación a dos velocidades en Europa: mientras que el norte disfrutaba de tasas de desempleo bajas, pese a no mostrar un crecimiento robusto, en el sur la mayoría de países sufría cifras de desempleo de dos dígitos – en el caso de Grecia y España, ambos países superaron el 27% de paro en 2013 – y una crisis de déficit y endeudamiento excesivo que se ha intentado superar, en parte, mejorando la competitividad salarial con respecto al resto de los Estados miembros.
Trece años después, de los denominados PIGS, solo Portugal parece hacer recuperado la dinámica del resto de la Unión, mientras que Italia, España y, sobre todo, Grecia y Chipre siguen sufriendo las cicatrices de aquella recesión. Los datos publicados anualmente por Eurostat muestran que ninguno de estos cuatro países ha aumentado los costes laborales más de un 20% entre 2008 y 2021. Este dato sirve para interpretar la evolución salarial, ya que es su principal componente.
Esto hace que dentro del mercado común se produzcan crecimientos en esta métrica tan dispares como el que se da entre Grecia (+2,4%) a Bulgaria (+169%). La media del crecimiento de los países miembros de la Unión Europea es del 35%, lo que supone casi más del doble que el dato español (+18%).
Una Europa a tres velocidades
Los datos publicados por la agencia estadística europea reflejan tres grandes grupos de países en el Viejo Continente en el que la evolución de los costes salariales se ha producido de manera muy desigual.

