Las numerosas fuerzas que mantienen la inflación alta en todo el mundo están aumentando los riesgos de que el crecimiento económico mundial se dirija a la baja. La incertidumbre macroeconómica es elevada porque los inversores se replantean constantemente cuánto y con qué rapidez subirán los bancos centrales los tipos para frenar la inflación y la actividad económica y, si se producirá un endurecimiento excesivo y tendrán que dar marcha atrás. Esta persistencia de las elevadas presiones sobre los precios es un factor crucial que diferencia este ciclo económico de lo ocurrido en las dos décadas anteriores.
Es probable que los participantes del mercado contemplen una amplia gama de resultados en función de las trayectorias de la inflación y el crecimiento durante el resto de 2022. Desde UBS AM, evaluamos cuatro posibles escenarios macroeconómicos: un susto en el crecimiento, un aterrizaje suave, estanflación y un auge inflacionario.
Susto en el crecimiento
La actividad global ya se está ralentizando y los bancos centrales indican que es necesaria una mayor desaceleración de la actividad para que la inflación se reduzca de forma sostenible. En los últimos meses, el aumento de la velocidad y la magnitud del endurecimiento de las medidas que han puesto en marcha los responsables de la política monetaria para imponer un menor crecimiento y una inflación más baja está aumentando las probabilidades de que se produzca finalmente una recesión económica. Y una recesión puede, a los ojos de los banqueros centrales, incluso acabar siendo el resultado preferido si la alternativa es dejar que las expectativas de inflación se descontrolen. En nuestra opinión, esto hace que un susto en el crecimiento sea el escenario económico más probable entre los que contemplen los participantes en el mercado para la segunda mitad de 2022.
Hasta ahora, hay más indicios de que es el crecimiento el que está desacelerando y no la inflación por lo que los bancos centrales siguen avanzando hacia una política restrictiva. Las ventas de casas y la construcción de nuevas viviendas se han desplomado, al igual que los medios para que los propietarios saquen dinero de sus residencias para impulsar el consumo. El gasto real, tanto en EE.UU. como en Europa, ha sido bastante suave y, hay pocas razones para esperar una aceleración. El crecimiento agregado de los ingresos laborales en EE.UU. se ha moderado, lo que reduce la capacidad de los hogares para aumentar el gasto en el futuro. La acumulación de inventarios minoristas (sin automóviles) implica que las perspectivas de producción de bienes se están debilitando. Con el aumento de los “yields” y los diferenciales y la desaceleración de la demanda de bienes, es más probable que las empresas den prioridad al pago de la deuda que a los planes de expansión.
Estanflación
Los precios de las materias primas – y el deseo de los bancos centrales de evitar que las expectativas de inflación se desborden al alza (gráfico 1) – son la principal fuente de riesgo de estanflación para la economía global. Los mercados de la energía podrían enfrentarse a nuevas vulnerabilidades de la oferta antes de que la demanda se enfríe de forma apreciable. Dado que la actividad se está moderando, cualquier paso hacia un escenario de estanflación sería un cambio relativamente temporal antes de que los mercados valoren agresivamente el riesgo de que el crecimiento y la inflación caigan en una recesión, en nuestra opinión.
