Europa se enfrenta a unos precios del gas elevados y a una posible escasez a medida que disminuye el suministro de Rusia. Analizamos las implicaciones para el entorno económico y la transición energética de la eurozona.
La precaria situación del suministro de gas en Europa ha sido uno de los principales focos de atención de los mercados desde la invasión rusa de Ucrania a finales de febrero. La Unión Europea (UE) y varios países se apresuraron a aplicar sanciones al petróleo ruso. Sin embargo, el gas es un asunto más complicado dada la dependencia de las principales economías europeas -sobre todo Alemania- del gas natural procedente de Rusia.
La situación se ha hecho aún más crítica con el cierre del gasoducto Nord Stream 1, lo que ha provocado la reducción drástica del suministro.

Aunque la demanda de gas se ha reducido en verano, la reducción de la oferta pone en peligro el objetivo de la UE de llenar los depósitos de gas hasta el 80% de su capacidad en noviembre de este año, y hasta el 90% en 2023. Por ello nos preguntamos ¿qué significa esto para las economías europeas?
Los altos precios pueden abordarse por dos vías: una reducción de la demanda o un aumento de la oferta. Los países europeos están tomando medidas para atajar la demanda.
Según Irene Lauro "Alemania e Italia dependen en gran medida de Rusia en términos de generación absoluta de electricidad. Sin embargo, según las expectativas de la AIE (Agencia Internacional de la Energía) en materia de energía eólica y solar para los próximos dos años y teniendo en cuenta las políticas actuales, el potencial de las energías renovables para reducir la dependencia en Alemania es significativamente mayor que en Italia. Mientras tanto, la dependencia de Francia y los Países Bajos del gas ruso es relativamente baja, con un importante potencial para que las renovables desplacen al gas ruso".