Los objetivos de Vladímir Putin al comenzar la guerra en Ucrania, hace ya más de cinco semanas, eran claros: tumbar el gobierno de Volodímir Zelenski, hacerse con las principales ciudades del país y hacerse con el control total de Donbass, ciudad, en parte, bajo el control de los prorrusos. En otras palabras, para el presidente ruso: desmilitarizar y eliminar todo ápice de nazismo existente en Ucrania.
Sin embargo, una realidad paralela se estaría forjando en torno al presidente ruso. Su ejército está compuesto por soldados engañados, reclutados recientemente, sin la experiencia necesaria para asumir semejante batalla. Muchos de esos soldados, muertos en combate, pensaban que iban a realizar maniobras y se han encontrado con una cruel guerra.
Putin incluso no conocería la magnitud de las sanciones internacionales impuestas por su ataque bélico a Ucrania, según ha revelado el Departamento de Inteligencia estadounidense. Un contexto muy diferente al que su alrededor le estarían contando y que estaría llevando a pensar al presidente que su ofensiva alcanzará sus objetivos más pronto que tarde.
Proteger a Putin de las malas noticias
Toda esta información maquillada o engañosa, estaría haciendo ver al presidente ruso un escenario mucho más optimista de lo que realmente está siendo para Rusia. Los análisis realizados por la Inteligencia de EE.UU. ponen sobre la mesa la tergiversación de información proveniente de los altos cargos rusos hacia Putin.
El querer a toda costa evitar darle malas noticias, sumado a que previamente ya había estrechado al máximo su círculo más cercano debido a la pandemia, estarían aislando de la realidad al líder ruso. Siguiendo esta línea, mucho menos estaría dispuesto a reunirse o escuchar una visión ajena de lo acontecido, llevando incluso a romper lazos con su ministro de Defensa, una de sus principales apoyos y mano derecha, Sergei Shoigú.