De esto hace ya dos años y desde entonces los habitantes de Flint han bebido agua del grifo envenenada. El ahorro ha salido caro ya que se estima que cerca de 8.500 niños menores de 5 años podrían sufrir daños cerebrales permanentes debido al alto nivel de plomo existente en el agua de la ciudad.
El presidente Barack Obama ha decretado el estado de emergencia por la crisis sanitaria y ha puesto a disposición de la ciudad hasta 5 millones de fondos federales para hacer frente a la grave situación que viven sus ciudadanos. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA) está coordinando todos los esfuerzos logísticos y técnicos de recuperación de desastre para "aliviar las adversidades y sufrimientos" de los habitantes. Y la Guardia Nacional está distribuyendo entre los residentes agua gratuita, filtros y otras provisiones.
Flint está situada en el llamado ‘Cinturón del óxido’ de Estados Unidos, donde se encuentra la industria del automóvil y del metal de los Grandes Lagos y tiene unos 100.000 residentes, en su gran mayoría población pobre. Además es sede de una gran fábrica de General Motors, la más antigua planta de automoción de Norteamérica.
Crisis del agua
Todo comenzó en abril de 2014 cuando los gobernantes de Flint decidían ahorrar en el sistema de distribución del agua. La ciudad pasó del sistema de aguas del Lago Huron de Detroit a las del río Flint. En ningún momento se llevaron a cabo los tratamientos de depuración pertinentes en el agua del rio. Se filtraron grandes cantidades de plomo a través de las viejas y corroídas cañerías por las que circulaba el agua que utilizan a diario los ciudadanos para cubrir sus necesidades básicas. Los habitantes de la ciudad se quejaron en numerosas ocasiones del aspecto del agua, de su sabor e incluso de su olor. Las autoridades no hicieron caso a las protestas y hasta octubre de 2015 no se volvió al sistema previo de Detroit tras descubrir elevados niveles de plomo en la sangre de niños. La exposición a grandes dosis de este metal puede resultar muy perjudicial para la salud y puede desencadenar enfermedades en el hígado y los riñones en adulos y en niños esta potente neurotoxina está vinculada a trastornos de aprendizaje, bajo coeficiente intelectual y problemas de comportamiento. La situación es tan crítica que se ha recomendado que todos los niños de la ciudad de Flint sean tratados. Según el censo alrededor de los 8.500 menores que hay en la ciudad podrían estar afectados.