‘Tirar de los minipréstamos’ suele ser la última alternativa a la que recurren los consumidores cuando necesitan un extra de liquidez urgente para hacer frente facturas del día a día, como un recibo que se ha disparado o una multa.
A pesar de que su presencia en el mercado ha aumentado como la espuma durante los últimos años (la Asociación Española de Micropréstamos cuenta con una veintena de miembros), la buena fama sigue sin acompañarles. Las principales críticas que levantan estos productos de pequeño tamaño vienen a raíz del precio y es que algunos aplican una TAE con hasta tres ceros.
No es raro que al pedir un minipréstamo en el contrato conste un tipo de interés del 1 % diario y una TAE de, por ejemplo, 2.000 o 3.000 %. A priori, parecen cifras escandalosas, sobre todo cuándo se comparan con las de los préstamos personales, cuya TAE media suele situarse en torno al 8 % o con la de las tarjetas, que suele ser del 21 %.
Pero ¿qué se esconde tras esos tantos por cientos? ¿Cuánto cuesta realmente un minicrédito? ¿Son realmente tan caros? No hay duda de que los minicréditos son uno de los productos de financiación más caros del mercado. Sin embargo, también son los que conceden importes más reducidos. En muchos casos, los nuevos clientes no pueden solicitar más de 300 euros. El plazo también es peculiar y dista mucho de la duración del resto de los productos: suele ser de un mes.
Si, por ejemplo, aplicásemos un tipo de interés del 8 %, habitual en los préstamos personales bancarios, a un minicrédito de 100 euros a 30 días, el coste de la financiación sería de solo 67 céntimos. Con esas cifras, difícilmente podrían sobrevivir este tipo de compañías. De hecho, los intereses apenas servirían ni siquiera para cubrir el coste de consultar si el solicitante está inscrito en ASNEF, una revisión que puede superar los 50 céntimos, según fuentes del sector.