El Banco Central de Turquía anunció algunas medidas este lunes para intentar apoyar la lira turca, pero en estos momentos no será suficiente. La única opción realista es subir drásticamente los tipos de interés. Cuanto más retrasen esta medida, más drásticas tendrán que ser esas subidas.
Hay preocupación en algunos ámbitos financieros de que los problemas de Turquía se contagien a otros países. El mayor temor recae en los países emergentes que tienen un déficit por cuenta corriente de un tamaño similar y dependen del capital extranjero. Algunos países emergentes tienen unos abultados déficits por cuenta corriente (destacan Turquía y Argentina), aunque otros tienen una brecha más pequeña. Las preocupaciones sobre el déficit por cuenta corriente de Turquía y su dependencia del capital extranjero están bien fundadas, pero sus problemas van mucho más allá.
Esta crisis ha ido gestándose durante años, centrada en una combinación de problemas exclusivos de Turquía. El país ha ido aumentando su nivel de autocracia, se ha permitido el sobrecalentamiento de su economía y no se ha llevado a cabo ninguna de las reformas que necesita; y sus instituciones, como el Banco Central, han sido continuamente socavadas.
Gran parte del daño económico que está sufriendo Turquía es autoinfligido. Turquía ha demostrado una y otra vez que no puede sostener niveles elevados de crecimiento sin emitir más deuda. Dado que los ahorros domésticos son tan bajos, esta deuda está en dólares estadounidenses y tiene el riesgo inherente de divisa que viene con esto. Así que no es ninguna sorpresa que los estímulos monetarios y de crédito que siguieron al golpe fallido de 2016 han llevado a un crecimiento rápido del déficit por cuenta corriente, la inflación está fuera de control y el país está al borde de una crisis monetaria.
Las autoridades tendrán que subir los tipos tarde o temprano (realmente no tienen otra opción), pero la situación se ha ido tanto de las manos que van a tener que ir mucho más lejos de lo que habrían tenido que ir hace sólo tres semanas. Debajo de todo esto, Turquía todavía tiene un gran potencial. La economía en conjunto está razonablemente diversificada con una buena base de exportaciones. Pero la cuestión ahora mismo es la credibilidad y la única manera de subsanar la situación en el corto plazo es actuar.