La incertidumbre respecto a la evolución de los tipos de interés, las medidas de endurecimiento cuantitativo (QT, por sus siglas en inglés), y la preocupación por los elevados déficits fiscales, están llevando a los inversores de renta fija a extremar precauciones. Esto está conllevado que la liquidez disminuya, incluso en los mercados de deuda pública, provocando fuertes subidas de los tipos reales.
El último ejemplo es la debacle del mercado de Gilts, que obligó al Banco de Inglaterra a intervenir para preservar la estabilidad financiera. Esperamos que persista la alta volatilidad en los mercados de renta fija y que los rendimientos reales sigan subiendo en los próximos meses. Aprovecharíamos estas subidas de los tipos reales para aumentar gradualmente la exposición, pues los rendimientos reales parecen bastante atractivos a medio plazo. Los bonos del Estado serán probablemente el primer "activo de riesgo" que rebote en este ciclo.
El anuncio de un gran paquete fiscal sin financiación por parte del nuevo Gobierno de Reino Unido y la afirmación casi simultánea del Banco de Inglaterra de que seguiría adelante con el endurecimiento de su política monetaria, tal y como estaba previsto, con la venta activa de su cartera de Gilts, provocaron una disrupción en el mercado. El mercado de Gilts, en particular los títulos vinculados a la inflación, perdió su atractivo haciendo que los rendimientos reales se disparasen (Gráfico 1). El activo refugio que eran los Gilts ya no se consideraba como tal, por lo que se requería una gran prima en forma de rendimientos reales más elevados para convencer al mercado. Algunos inversores institucionales estaban muy expuestos a los tipos de interés de la libra esterlina a largo plazo y se enfrentaron a margin calls con repercusiones potencialmente negativas también para el sector bancario (en la sombra). El BoE tuvo que intervenir como comprador de última instancia para evitar una espiral viciosa y prevenir daños mayores.
Aunque Reino Unido es un caso extremo, existen algunas similitudes con otros mercados de deuda pública, en la eurozona y en Estados Unidos. Los respectivos bancos centrales se están viendo obligados a adelantar las subidas de tipos para endurecer rápidamente las condiciones financieras con el fin de reducir la inflación. Además de la incertidumbre respecto a la trayectoria adecuada de los tipos de interés, también preocupa un posible problema de la oferta y la demanda. Ambos bancos centrales están planeando, o ya están aplicando, una liquidación del balance de los bonos adquiridos durante varios programas de flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés). Dado que se espera que los déficits presupuestarios sigan siendo elevados, lo que sugiere que habrá grandes cantidades de emisiones soberanas, el sector privado tendrá que adquirir más bonos del Estado. La mayor volatilidad de los tipos de interés en los últimos meses es indicativa de la contención de los inversores y de la disminución de la liquidez, también en los mercados gubernamentales (Gráfico 2). En el caso del mercado de bonos estadounidenses, los datos de negociación disponibles (profundidad) muestran que la liquidez se ha deteriorado hasta niveles asociados a épocas de crisis, lo que refleja, al menos en parte, el reciente y pronunciado aumento de los rendimientos reales.

