Después de más de 20 años impulsando a las mujeres en su desarrollo profesional, Olga Jiménez, experta en ventas, motivación y liderazgo femenino, quiere ir más allá a la hora de abordar algunos de los frenos internos y externos que encuentran las trabajadoras. En una charla con DIRIGENTES, reflexiona sobre cómo a través de su libro La jefa eres tú, además de transmitir sistemas sencillos de organización y gestión del tiempo o formas fáciles de delegar, su objetivo es llamar la atención sobre las creencias limitantes que hacen que las mujeres “sientan que no merecen el éxito y nos castiguemos a nosotras mismas, dejando de aplicar aquellos que nos permitirá avanzar”.
¿Por qué les cuesta tanto a las mujeres compaginar su vida personal con un proyecto profesional dirigido a alcanzar la cima?
Nuestro cerebro nos engaña. Su parte más antigua es el cerebro reptiliano, que se encarga de funciones primitivas como protegernos de las amenazas y huir. También es responsable del comportamiento territorial, que hace que protejamos nuestro hogar y a los nuestros. Y por eso a veces también nos engaña, especialmente a las mujeres. Podría mencionar decenas de viajes en el AVE Madrid-Barcelona en los que era la única mujer del vagón. ¿Por qué hay más hombres volviendo de un viaje de negocios? La respuesta es que las mujeres todavía se sienten terriblemente culpables si no están disponibles para los suyos.
¿Por qué no se sienten así los hombres? “Es que una madre es una madre”, he oído decir muchas veces. Sin embargo, durante mi infancia, por duro que pueda sonar, valoré más el tiempo que pasé con mi padre que con mi madre, porque a mi madre la tenía todo el día. Y cuando alguien siempre está disponible, el tiempo a su lado pierde valor. Yo me siento inmensamente agradecida hacia mi madre, pero me hubiera gustado poder admirar su talento y no verla frustrada ante las tareas domésticas que ella creía que eran su función. Me siento culpable porque se supone que mi hermana y yo éramos la razón por la que lo hacía. Los niños imitan los roles: la hija de una madre de éxito sentirá que ella también puede; el hijo de una madre de éxito apoyará a su mujer a tenerlo.
Cuando vemos a un hombre exitoso no decimos: “Sí, claro, lo es porque no tiene hijos”. Tampoco le preguntamos a un padre de familia triunfador cómo ha logrado conciliar. Si los hijos fueran la razón por la que las mujeres no pudieran desarrollar sus carreras, entonces todas las mujeres sin hijos serían unas triunfadoras y ninguna madre tendría un puesto directivo. Y no es así. No todas las madres quieren emprender o ascender, pero si una mujer lo desea y no lo hace por sus hijos, no significa que les esté ayudando. Solo está ayudando a que sus miedos venzan.
