El próximo 20 de diciembre, los españoles tienen una cita con las urnas y, más allá de encuestas "cocinadas" o partidistas, todo parece apuntar a que el resultado definitivo será el fin de las grandes mayorías. El gobernante Partido Popular no lograra tantos apoyos como en los anteriores comicios, pero tampoco logrará imponerse el Partido Socialista (PSOE), mientras las nuevas formaciones, Ciudadanos y Podemos, escalan posiciones. Seguramente nos encontremos ante el primer Ejecutivo de coalición desde finales de los 70.
Este resultado ha llevado al mercado a temer un periodo de inestabilidad política similar al que actualmente enfrenta Portugal. Preocupaciones que han aumentado a raíz de las elecciones catalanas y el posterior devenir secesionista de la región.
Al mismo tiempo, la macro claramente optimista se ha deteriorado recientemente: el crecimiento del PIB se desaceleró durante el tercer trimestre y algunos indicadores, como el PMI manufacturero, apuntan a un mayor debilitamiento de cara al futuro. Por otra parte, todo parece apuntar a que, a pesar de la sólida mejoría en la actividad registrada en el último año, España no conseguirá cumplir con el objetivo de déficit comprometido con Bruselas (4,5% del PIB en 2015).
Riesgo político, pérdida de momentum y… Latinoamérica. La elevada exposición de las grandes empresas españolas a estos mercados emergentes es el tercer lastre que mantiene al Ibex 35 a la zaga del resto de mercados europeos. Brasil particularmente en uno de los principales "dolores de cabeza" de la banca (sector que más pondera en el selectivo español), pues las entidades financiera cuentan con cerca de 140.000 millones de dólares en deuda carioca.
En este contexto, Capital Economics se pregunta ¿cuánto debe preocuparnos España? Para responder a esta cuestión enumera, en primer lugar, las "fuentes de comodidad" de las que goza nuestro país. Así, recuerdan que "no es absolutamente seguro que las elecciones se traduzcan en una coalición inestable", pues el PP sigue liderando los sondeos. "Incluso si los comicios no derivan en un cambio de gobierno, podrían tener efectos económicos positivos si traen consigo un ligero retroceso en la austeridad u otros cambios en políticas favorables" y ejemplifican: el PSOE se ha comprometido a no "dañar a los negocios", aunque hará reformas para proteger a los trabajadores; y Ciudadanos ha sustituido a Podemos como tercera fuerza política, destacando su respeto por las metas de déficit comprometidas.