Más de 11 billones de dólares con rentabilidades negativas en el espectro de la renta fija soberana y, este mismo martes, también en la corporativa no financiera sin respaldo público, con Henkel y Sanofi emitiendo a tipos debajo de cero, es una de las principales ‘consecuencias’ de las políticas monetarias extraordinarias implementadas por los bancos centrales a lo largo y ancho del planeta.
Yields que lejos de ser una excepción han llegado para quedarse de la mano de las inyecciones de liquidez masivas del Banco Central Europeo (BCE), la Reserva Federal (Fed), el Banco de Japón (BoJ) o el de Inglaterra (BoE). Y es que, no sólo la segunda parece bastante lejos de la normalización, sino que el resto han implementado (para hacer frente al Brexit la última) o van a implementar más…
Al mismo tiempo, las incertidumbres en torno a la economía global, con un crecimiento que apenas convence a economistas y expertos, más dudas que certezas en el ámbito geopolítico, y el constante peligro que supone la tambaleante recuperación europea o el debilitamiento de China, llevan a los participantes del mercado a buscar ‘refugio’ en los bunds alemanes o sus homólogos suizos o nipones.
En este contexto, Fitch cifra en 500.000 millones de dólares anuales el dinero que los inversores en renta fija están dejando de ganar por estas bajas rentabilidades (en relación con las yields disponibles en 2011).
"Los beneficios se han transferido de forma efectiva de inversores a emisores soberanos (…) esto plantea nuevos retos para los más dependientes de este tipo de rentas, como aseguradoras y fondos de pensiones, al tiempo que permite a los Gobiernos pedir prestado a tipos cada vez más atractivos", señala la firma.