La crisis ha obligado a las empresas a hipotecar el futuro para sobrevivir al presente. Con mucha más deuda, las compañías españolas tratan de continuar en activo esperando a que la pandemia remita en pocos meses y llegue una recuperación que compense lo perdido durante este año.
Sin embargo, lo perdido no es precisamente poco. La economía española se redujo un 10%, con lo que ello implica para las empresas y su actividad. El primer cierre estranguló el flujo de liquidez, si bien los meses siguientes no permitieron que volviera la normalidad.
Por eso, las cuentas empresariales han observado que la deuda, lejos de reducirse o mantenerse, ha aumentado. En particular, en las actividades más afectadas, como son el turismo, el ocio y la hostelería. Desde diferentes organismos se ha insistido en que la política fiscal debía hacer un penúltimo esfuerzo para evitar que caigan más empresas.
En concreto, se alude a las «empresas viables», que son aquellas que han sufrido un impacto notable de la pandemia pero que, sin ese golpe, funcionarían perfectamente. El Gobierno de Pedro Sánchez aprobó a principios de marzo un plan de ayudas directas de 11.000 millones de euros que debían destinarse a pagos corrientes, pero dos meses después la tan esperada lluvia de mayo aún no ha aliviado los balances de las empresas.
El Banco de España hace un análisis de esta situación en su último Informe Anual. Diferencia entre empresas que presentan riesgos de ser inviables y empresas sobreendeudadas que continuarían siendo viables. Afirma que «el primer grupo de empresas está abocado a salir del mercado» si los riesgos se cumplen. En este punto, cabe resaltar esa definición como «inviables», después de haber superado el punto de inflexión entre esa cualidad y la opuesta.