La llegada del final de 2022 nos hace mirar hacia atrás en términos económicos y, tanto desde el punto de vista micro como macroeconómico, este último ejercicio a punto de terminar, se convierte en un nuevo viento en contra en la carrera abandonada de la recuperación. Finalmente, este año España crecerá a buen ritmo, en especial por la buena marcha desde abril a septiembre, que restará peso, a la fuerte caída de la llegada de la guerra de Rusia sobre Ucrania en febrero y al efecto combinado entre la inflación y la subida de tipos en el último del año.
En realidad, solo hemos sacado la cabeza en verano, donde la menor incidencia en términos dañinos de la Covid, la salida del ahorro embalsado a lo largo y ancho de la pandemia y las ganas de un estío “normal” tras dos años de restricciones y ante lo que nos ha de llegar, nos llevó a crecer un 1,5%. Y es que este 2022 comenzaba con la idea del tratamiento de la Covid como una gripe, con la última dosis de la vacuna, con los Fondos Europeos, en aras de una recuperación basada en la caída de las medidas ante la pandemia, como la emblemática mascarilla y con la vista puesta en esa mejora económica. Bajaba ligeramente la inflación y aunque el conflicto en ciernes estaba latente, nadie esperaba que Vladímir Putin invadiera Rusia… salvo Estados Unidos.
El 24 de febrero cambiaba el sesgo con la invasión de las tropas rusas sobre Ucrania y, lo que se desencadenaba en una nueva guerra en Europa como ya ocurriera con la de los Balcanes, se convertía en el principio drástico de una carrera sin fin para los precios energéticos en general y los de la luz, el gas y el petróleo en particular. Pero no solo fue eso, los precios de consumo comenzaban una carrera infernal que le llevaba hasta el 10,8% en julio, con picos del 14% en alimentación. Algo que se traduce en que nuestro dinero vale mucho menos en nuestro día a día y se convierte en un calvario para los costes de las empresas, en especial en la factura de la luz.
Se mostraba una España que tenía que mirar la hora para poner la lavadora, mientras las compañías, muy castigadas por la pandemia, se veían abocadas a nuevas pérdidas, que todavía mantienen en muchos casos por tres factores a considerar. El primero de ellos es que la subida de precios les pilla en un momento en el que se esperaba que los Fondos Europeos fueran la gran salvación, pero eso no se ha producido, al menos hasta la fecha. A pesar de que la vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño, ya se prepara para solicitar el tercer plazo de las ayudas, de 6.000 millones, lo cierto es que su ejecución deja mucho que desear y no ha sido lo que se esperaba.
El segundo pasa por tener que repercutir en sus clientes el incremento de costes añadido que han de pagar. Algo en muchos casos imposible, porque les resta competitividad, con la consiguiente merma de los ingresos. El tercero, el encarecimiento de los créditos. Suben los costes en un momento en el que endeudarse es más difícil y caro. Dos factores que restan liquidez y modo de supervivencia, en especial a las pymes. De hecho, desde Cepyme se indica que entre los alivios a la situación estaría el desbloqueo de los Next Generation EU para poder paliarlo.