Las encuestas apuntaban a una victoria abrumadora de Joe Biden en las elecciones de EE.UU. Pero lo que vimos fue una carrera muy reñida por la Casa Blanca. Después del desastre que también supusieron las predicciones de 2016, ¿es hora de despedir a los encuestadores?
El voto popular frente al colegio electoral
Al llegar el día de las elecciones, las encuestas nacionales de voto popular le dieron a Biden una decente ventaja del 7%. Los inversores se equivocaron al extrapolar una «Ola Azul» – escenario donde los demócratas se hacen con la presidencia y el Congreso – de una gran ventaja en las encuestas nacionales. Las encuestas nacionales en sí mismas son casi imposibles de mapear con el colegio electoral, lo cual es crucial, como se nos recordó en 2016.
Hace cuatro años Donald Trump perdió el voto popular, pero ganó las elecciones. En otras palabras, los sondeos parecen reflejar mejor el voto popular que la forma matizada en que funciona el sistema de colegio electoral.
Las encuestas aciertan en la mayoría de los “estados pendulares”
Las encuestas en los “estados indecisos” (swing states, en inglés) acertaron bastante. En 11 de los 12 estados indecisos, las predicciones fueron correctas. Las encuestas sólo se equivocaron en Florida, donde apuntaban a una ventaja de Biden. Incluso entonces, el margen que habían previsto los encuestadores del 1,4% era aceptable dentro del margen de error del 3%.
Los encuestadores acertaron en el resultado de los estados indecisos, pero el margen de votos fue donde se equivocaron. Por ejemplo, las encuestas sugerían que Biden ganaría en Florida por un 1,4%, pero en cambio perdió por un 3,3%. Así que el margen de error de Florida, el estado más importante, se equivocó en un 4,7%. En varios estados también hubo grandes errores, más allá de salirse del margen de error del 3%. Este error tampoco fue simétrico; en todos los estados indecisos, las encuestas, en promedio, dieron a Biden un resultado demasiado favorable, ganando por un 3,4%.
