Ante una crisis como la generada por la COVID-19, desde un enfoque empresarial, podemos reaccionar de distinta manera: pelearnos inútilmente con la realidad, resignarnos o realizar una aceptación activa. Esta última implica observar, analizar y tratar de comprender el nuevo escenario. Ese nivel se alcanza centrándose en la «Zona de Influencia», pero, ¿cómo se llega a ese “estado”?
El cerebro humano procesa diariamente unos 60.000 pensamientos, de los cuales el 94 % se repiten y el 80 % de ellos son negativos. De una manera genérica, podríamos traducir de estos datos que las preocupaciones son algo natural inherente al ser humano. De modo que, si hemos de convivir con preocupaciones a diario, nos interesaría aprender a encajarlas de un modo inteligente y efectivo. Una técnica que funciona muy bien para cambiar el «chip» a nivel mental y centrarse en la zona de influencia es la de RELATIVIZAR, es decir, tratar de darle la importancia adecuada a cada asunto.
Asimismo, encontramos otra herramienta clave para saber cómo gestionar las preocupaciones. Se trata de invertir tiempo, atención y energía en la «Zona de Influencia», que es la parte sobre la que tenemos poder de actuación. Trabajar dentro de la zona de influencia nos permitirá desarrollar nuestra actitud positiva inteligente o API.
Observa esta imagen e imagina que el círculo grande representa nuestra cabeza y los circulitos del interior nuestras preocupaciones. A mayor tamaño de dichos discos, mayor tamaño dela preocupación. Dentro de nuestra cabeza conviven preocupaciones del trabajo, la familia, los amigos, incluso de nuestros hobbies. Debemos conseguir enfocarnos en nuestra «Zona de Influencia», (la parte sombreada) que abarca los problemas o preocupaciones sobre los que tenemos poder de actuación.