La economía global está saliendo de las profundidades en las que se había hundido durante el confinamiento de la primavera, pero la pandemia causad por la COVID-19 continúa extendiéndose, forzando una reapertura lenta y cierres parciales.
El tortuoso ascenso de la economía mundial a los niveles pre-pandemia continúa siendo propenso a retrocesos puntuales. Se estima un crecimiento global del 5,2% en 2021, inferior a las estimaciones de junio, pero en línea con la mejora registrada a lo largo del tercer trimestre. Aun así, hasta finales del 2021 las tasas de desempleo se mantendrán elevadas tanto en las economías avanzadas como las emergentes.
A esto hay que añadir una serie de factores de riesgos que podrían frenar el crecimiento. En primer lugar, la evolución de la pandemia y la capacidad de respuesta de los sistemas de salud pública. En según lugar, las interrupciones de actividad asociada a algunos sectores. En tercer lugar, el alcance de los efectos indirectos: débil demanda, endurecimiento crediticio y menor inversión. Por último, el deterioro de la confianza financiera generando dificultades de financiación y renovación de préstamos a sectores y economías vulnerables.
Por otro lado, estos riesgos nos abren la puerta a varias oportunidades, como la acumulación de un ahorro sin precedente de los hogares de Europa y Estados Unidos, ahorro que terminará entrando en circulación en el mercado a sostengo de la demanda de bienes y servicios y de las inversiones en el sistema económico.
Se acumulan datos que confirman la secuencia de la recuperación, con fuerte rebote de la producción industrial y del comercio internacional al restablecerse las cadenas de suministro global, también el control efectivo de la epidemia en China hace pensar en una efectiva resolución de la pandemia.