El Gobierno ha anunciado el arranque de la privatización parcial de AENA, una de las pocas joyas de la corona que le queda al Estado. La compañía en los últimos años se ha convertido en el bote salvavidas para enderezar las cuentas públicas por el impacto de las crisis económicas. En 2010, el Gobierno de Zapatero dio los primeros pasos para encontrar capital privado que entrara en el gestor portuario. El Ejecutivo anterior manejaba una valoración de 30.000 millones por la empresa. Desde entonces no ha hecho más que caer en picado. Actualmente, el equipo directivo estima que vale alrededor de 16.000 millones.
AENA ha sido la baza para generar ingresos extras. Incluso ha formado parte de los planes enviados por el Ejecutivo para cumplir las exigencias de Bruselas, pero las duras condiciones de los mercados y la complicada situación financiera de la compañía han impedido su privatización. La caída del tráfico aéreo en España ocasionado por la crisis golpeó con fuerza a la mayoría de aeropuertos gestionados por AENA. Gran parte de ellos han estado en pérdidas en los últimos años lastrando las cuentas de la empresa pública. Además, AENA tenía que gestionar una abultada deuda que alcanzaba los 12.500 millones después de afrontar las ampliaciones del aeropuerto de Barajas y El Prat.
El último intento de privatización fue en los últimos meses de la última legislatura de Rodríguez Zapatero por las concesiones del aeropuerto de Madrid y Barcelona, los más rentables de la red que gestiona AENA. Pero caducidad del Ejecutivo y la falta de financiación de las empresas que pujaban obligó a suspender el concurso.
Pero el problema de la empresa más que de endeudamiento era de generación de beneficio. Por primera vez en su historia ha entrado en beneficio al registrar unas ganancias netas de 597 millones de euros. El Gobierno de Mariano Rajoy mantuvo las intenciones de privatización y puso manos a la obra para dejar a AENA lista para su privatización al equipo de José Manuel Vargas que afrontó un duro ajuste. La empresa ha reducido la plantilla un 14%, 1.200 trabajadores, ha reducido la deuda un 20% desde los 12.500 millones de 2011, el Ebitda se ha duplicado en dos años hasta los 1.610 millones, se ha cambiado la política de explotación de las aéreas comerciales y se ha sacado a concurso los duty-free.
A AENA se la ha transformado de arriba abajo para hacerla atractiva a los nuevos inversores. Pero, ¿es el mejor momento para desprenderse de parte de la compañía? La decisión abre dudas sobre el timing y la forma de la operación que planea Fomento. Es incuestionable la mejora de las condiciones del mercado para sacar el 28% a Bolsa. Las últimasOPV’s ha sido acogidas con gran expectación. Y el capital extranjero busca oportunidades en los activos españoles, por lo que no debería encontrar dificultades el Gobierno para cerrar un núcleo duro de inversores que se repartieran el 21% de la empresa. Sin embargo, no sería más beneficioso para las cuentas del Estado posponer la privatización para maximizar la rentabilidad de la empresa, una vez que ha comenzado a generar dinero. Las perspectivas de AENA después del saneamiento son más que favorables con una recuperación incipiente de la economía mundial que podría impulsar los ingresos gracias al incremento del tráfico aéreo. Para este mismo verano se espera una subida del número de vuelos nacionales e internacionales.