La tecnología se ha convertido en un nuevo factor de tensión en las relaciones comerciales entre España y Estados Unidos, en un contexto marcado por fricciones políticas y comerciales.
España depende de forma significativa de empresas tecnológicas estadounidenses para sostener su infraestructura digital.
Desde servicios de nube hasta software empresarial o inteligencia artificial, buena parte de los sistemas que utilizan administraciones públicas y empresas proceden de compañías de Silicon Valley.
Este vínculo, que se consolidó durante la última década, empieza a verse como un riesgo estratégico en un escenario de mayor tensión geopolítica.
La influencia de Silicon Valley
Un informe de la empresa suiza Proton indica que el 74% de las empresas españolas cotizadas dependen de servicios tecnológicos de compañías como Google, Microsoft o Amazon.
La dependencia es especialmente elevada en sectores sensibles. Energía, banca y automoción dependen casi por completo de tecnología estadounidense, mientras que áreas como sanidad, transporte o gestión de aguas superan el 75% de dependencia.
Esta situación refleja hasta qué punto la infraestructura digital española está ligada a proveedores externos.
Riesgos de seguridad y presión política
El informe advierte de que esta dependencia puede convertirse en una amenaza para la ciberseguridad y la estabilidad económica.
El riesgo no se limita al ámbito tecnológico. También tiene implicaciones políticas. Las grandes plataformas tecnológicas cuentan con enorme capacidad de influencia, tanto económica como institucional.
Durante el último año, Meta, Microsoft, Apple, Amazon y Google destinaron cerca de 35.500 millones de euros a actividades de presión ante instituciones europeas para influir en la regulación digital.
El debate sobre la soberanía tecnológica
Las tensiones geopolíticas han intensificado el debate sobre la soberanía tecnológica europea.
Aunque un embargo tecnológico carecería de base legal, la posibilidad de que estas dependencias se utilicen como herramienta de presión ha llevado a varios gobiernos y empresas europeas a reclamar una mayor autonomía digital.
Al mismo tiempo, España continúa atrayendo inversiones de estas compañías. En 2024, Microsoft anunció una inversión de 1.950 millones de euros para centros de datos en España, y recientemente Amazon Web Services elevó su apuesta total hasta 33.700 millones.
Un problema que afecta a toda Europa
La dependencia tecnológica no es exclusiva de España. Las empresas estadounidenses controlan más del 80% de los servicios de cloud, software e inteligencia artificial en la Unión Europea.
Los proveedores europeos apenas representan menos del 15% del mercado de cloud, según datos de la firma Synergy Research Group. Esa cuota, además, se ha reducido durante la última década.
Esta concentración refuerza la preocupación sobre la capacidad tecnológica propia del bloque europeo.
La alerta de las grandes telecos
El sector privado europeo también ha empezado a reclamar cambios. Las grandes compañías de telecomunicaciones piden mayor concentración empresarial y políticas industriales más ambiciosas.
«¿En quién puedes confiar? Todo se utiliza como un arma. Y si te vuelves dependiente de alguien, podría aprovecharse de ello», señaló Tim Höttges, el consejero delegado de Deutsche Telekom, durante el Mobile World Congress celebrado en Barcelona.
