La entrada en vigor de la Ley de Protección de Datos hace poco más de un año supuso un desafío para las empresas al que tuvieron que hacer frente viéndose obligadas a actualizarse para cumplirla. No es el único reto con el que se han encontrado. La digitalización es otra prueba que están teniendo que superar. En especial, las pymes necesitan un impulso, ya que muchas carecen de una hoja de ruta a seguir, de recursos económicos o de un liderazgo efectivo para acometer este cambio. La transición hacia una empresa digital es un camino largo en muchos casos. Sin embargo, en la senda para conseguir este objetivo, surge otro hecho relacionado con ello que muchos insisten en calificarlo como un nuevo “reto”.
¿Cuenta con un negocio online basado en el comercio electrónico? Si la respuesta es afirmativa, ¿conoce la nueva normativa de pagos que entró en vigor el pasado 14 de septiembre? La máxima que persigue esta regulación, llamada PSD2, es proteger al consumidor en los pagos que realice por Internet. Además de reducir el fraude y las suplantaciones de identidad, busca mejorar la experiencia del cliente, y así aumentar las tasas de conversión.
El fraude es una de las grandes lacras de Internet. Ante las novedades en cuanto a medios de pago que se han ido sucediendo en los últimos años para que los usuarios eligiesen entre una mayor variedad de formas de compra, “se hacía necesaria una nueva regulación acorde con las innovaciones técnicas en esta materia, de tal modo que facilite las transacciones comerciales dentro del Mercado Único”, señala la abogada Marian Rojo de Letradox a DIRIGENTES.
La normativa señala que tanto el proveedor de servicios de pago de una empresa como el propio comercio electrónico deben garantizar que la transacción se ha realizado en conformidad con el cliente. Por ello, la PSD2 y, más concretamente una de las normas más destacadas, la Autenticación Reforzada de Clientes (Strong customer authentication o SCA, por sus siglas en inglés), propicia el cambio más notable. ¿En qué se traduce esto? Hasta ahora, para realizar una compra online bastaba el número de la tarjeta y los tres números de la parte trasera (CVV). Ahora, el usuario para acreditar su identidad tendrá que elegir obligatoriamente, al menos, dos de estos tres factores. El primero es algo que posee el usuario (un teléfono móvil, es decir, el usuario recibe un PIN por SMS al teléfono asociado en su cuenta bancaria y así confirma su posesión o la tarjeta), algo que sabe (una contraseña) y algo que tiene el usuario (reconocimiento facial, el iris o la huella dactilar).
DESCONOCIMIENTO, EL PEOR ENEMIGO
La complejidad de la normativa es uno de los principales problemas, lo que repercute en que las empresas no tienen claro cuáles son sus obligaciones. Según la abogada Marian Rojo, como toda adaptación, la falta de recursos requiere de una inversión que “en ocasiones, la pyme no está en condiciones de hacer o no está dispuesta a ello”, unido a cierta “reticencia” por parte de los consumidores al enfrentarse a nuevas formas de pago al desconfiar de la seguridad del proceso.