Entrar en la sede de IDOM en Bilbao no es acceder a una oficina convencional. Es atravesar un edificio donde arquitectura, ingeniería y entorno industrial conviven desde que le echas el primer vistazo.
El antiguo depósito franco del canal de Deusto se transforma aquí en un espacio de trabajo que mantiene su esencia original mientras redefine su uso.

Una fachada que ya marca el recorrido
El recorrido empieza fuera. La fachada, atravesada por lamas horizontales en verde, genera una sensación de movimiento continuo. No es un recurso decorativo: regula la entrada de luz y reduce la carga térmica del edificio.
Desde la calle, el interior queda expuesto a través del vidrio. Se perciben los espacios de trabajo, la actividad, la profundidad. La transparencia no es estética, es estructural.
Esta característica rompe con todo, literalmente. Es un edificio disruptor con todo lo que tiene a su alrededor. Es de este tipo de estilos que no deja a nadie indiferente, puede que no sea tu favorito, pero te irás pensando en la personalidad que tiene.

La cubierta que redefine el edificio
Al subir, el edificio cambia de escala. La cubierta vegetal, visible desde distintos puntos, actúa como una topografía artificial transitable. No solo oculta los equipos de climatización: elimina ruido, reduce impacto visual y mejora el comportamiento térmico.
Este sistema integra recogida de agua de lluvia y paneles fotovoltaicos. La vegetación funciona como sumidero de CO2, mientras el conjunto contribuye a un ahorro energético del 60% frente a edificios convencionales.
A pesar de ser un edificio moderno en cuánto a su estilo, está más adelantado a su tiempo por su diseño sostenible cuando descubrimos que su fundación se remonta al 2011.

Espacios de trabajo diseñados para la luz
Dentro, el edificio revela su lógica. Las plantas mantienen la estructura original de hormigón, con vigas vistas que refuerzan el vínculo con el pasado industrial.
Los puestos se organizan en espacios abiertos, modulados por luz natural filtrada. Las lamas exteriores y la fachada acristalada permiten trabajar con iluminación eficiente y control térmico constante.
El recorrido conecta zonas de trabajo, salas técnicas, áreas de prototipado y espacios especializados. Todo responde a una misma idea: orden, funcionalidad y precisión.
Tecnología integrada en la estructura
El sistema de climatización se basa en vigas frías, que utilizan agua para transferir calor y optimizar el consumo energético. La masa de hormigón del edificio actúa como regulador térmico natural.
La iluminación se adapta automáticamente a la ocupación y a la luz exterior. Los sistemas sanitarios reducen el consumo de agua. Todo el edificio funciona como un sistema integrado de eficiencia energética.

De almacén portuario a centro de ingeniería
El recorrido termina donde empezó: en el exterior. Desde aquí se entiende la escala completa. Los 14.400 metros cuadrados combinan oficinas, espacios de investigación y áreas sociales para más de 1.000 profesionales.
El edificio mantiene su vínculo con el entorno portuario y se conecta con la ciudad. La intervención no borra el pasado: lo incorpora. La estructura original no se oculta, se convierte en parte del sistema.
Este no es solo un lugar de trabajo. Es una infraestructura donde la ingeniería se traduce en espacio.
