Justo cuando se cumplen diez años del colapso que catapultó al mundo financiero -la bancarrota de Lehman Brothers– y la resaca de una crisis económica parecía haber terminado, los temores de una nueva recesión se avivan por momentos en el horizonte.
A pesar de que la actual expansión económica global es probable que continúe este año, dado que EE.UU. mantiene un gran déficit fiscal, al tiempo que China está aplicando políticas fiscales y crediticias laxas y Europa prosigue con una senda de recuperación, las perspectivas económicas de crecimiento se enturbian a media que se acerca el final de la década.
En este sentido, desde el Foro Económico Mundial (FEM) han fijado este cambio de ciclo para el año 2020. Y dan diez razones para ello. La primera son las políticas de estímulo fiscal, herramientas que la institución califica de «insostenibles». La razón radica en que están elevando el crecimiento anual estadounidense a niveles superiores a su potencial, fijado en el 2%. Ese año el estímulo se agotará y un ligero freno fiscal reducirá el crecimiento del 3% a un poco menos del 2%.
Se trata de una decisión que a juicio de esta institución se aplicó a destiempo y que ha conducido a un sobrecalentamiento de la economía con una tasa de inflación superior a la meta. «La Reserva Federal de EE.UU. seguirá subiendo la tasa de referencia desde el 2% actual a por lo menos 3,5% en 2020, y es probable que eso provoque un alza de los tipos de interés a corto y largo plazo y también del dólar», señalan.
De manera paralela, también prevén un aumento de la inflación en el resto de economía importantes. Una presión a la que se añade el alza del petróleo. En este caso, el riesgo radica en la tendencia a la normalización de la política monetaria de otros bancos centrales (Banco Central Europeo), lo que reducirá la liquidez global y generará una presión alcista sobre los tipos de interés.