Al entrar en el tercer año de una pandemia mundial, las economías desarrolladas se han recuperado rápidamente. Ahora nos acercamos a la segunda mitad del ciclo económico, que puede resultar más difícil a medida que se normalicen las políticas monetarias y fiscales. Sin embargo, no existe un modelo económico para la recuperación de una pandemia. Así, es probable que estemos ante una mayor volatilidad en consonancia con los riesgos de errores de política monetaria y fiscal.
La recuperación aún es incompleta y el ritmo de expansión económica se ralentizará inevitablemente desde sus máximos excepcionales, aunque nuestras perspectivas de crecimiento mundial siguen siendo constructivas. A menos que experimentemos una nueva oleada de infecciones por Covid-19 resistentes a las vacunas, o una gran agitación geopolítica, el riesgo de una pronunciada desaceleración económica mundial en 2022 parece limitado.
Junto con una mayor volatilidad, habrá oportunidades interesantes de inversión y cabe destacar que la sostenibilidad impulsará su rendimiento. Asimismo, la gestión activa es clave para seleccionar las exposiciones al riesgo adecuadas en las carteras.
10 recomendaciones a la hora de realizar inversiones los próximos meses:
1 Empezar a reconstruir las reservas de efectivo en las carteras
Los mercados actuales son constructivos para las carteras de inversión, pero este ciclo está evolucionando rápidamente. Un crecimiento elevado pero en desaceleración, junto con un endurecimiento fiscal y monetario gradual, significa que la volatilidad debería aumentar en 2022. Con unas valoraciones elevadas en la mayoría de las clases de activos, reconstruir gradualmente el colchón de efectivo de una cartera ayudará a los inversores a buscar oportunidades cuando finalmente se produzcan las ventas.
2 Reducir aún más la exposición a los bonos de alta calidad
La deuda pública de los mercados desarrollados es un buen candidato para financiar un aumento del efectivo de la cartera. La inflación está siendo más alta de lo esperado y los bancos centrales están normalizando la política monetaria, mientras que los planes fiscales de los gobiernos todavía necesitan grandes emisiones de bonos para financiar los déficits. Los rendimientos siguen siendo bajos o negativos, y no compensan las posibles pérdidas por el aumento de los tipos. Los bonos Investment Grade en los mercados desarrollados tienen poco margen de mejora. Aunque los niveles de impago son bajos y la demanda de estos bonos se mantiene, las valoraciones parecen elevadas, con unos diferenciales por debajo de sus medias a largo plazo y con poco margen de caída. Esto ofrece pocos incentivos a los inversores.