Si hablamos de ganancia y pérdida de competitividad fiscal, Madrid y Cataluña son las dos caras de la moneda en España. Ambas repiten puestos, el primero y el último en las clasificaciones sobre dónde se pagan más y menos impuestos, tanto nacionales como propios, lo que revierte directamente en ese parámetro de competitividad fiscal. Mientras en la capital ese dinero no sale del bolsillo de los ciudadanos, las trabas impositivas catalanas ahogan más a ciudadanos y empresas.
Madrid versus Cataluña en material fiscal
No es una sino dos las últimas clasificaciones que colocan en polos opuestos la fiscalidad propia de las dos regiones. Por un lado, nos encontramos con el estudio realizado por el Consejo General de Economistas en el que colocan a Madrid, Navarra y País Vasco como las comunidades autónomas más competitivas. Sin embargo, advierte de la pérdida de competitividad general para las regiones que ha supuesto la pandemia. Del orden del 2,3% en el global de España.
Y dentro de ella hay varias comunidades, como Canarias, Extremadura, Andalucía y las Islas Baleares, que presentan peores niveles de recuperación. En el otro lado, entre las mejores posicionadas para esa recuperación se encuentran Aragón, Asturias, Cantabria y La Rioja, junto con Cataluña y las mejor posicionadas fiscalmente hablando, con presión impositiva más baja.
Consideran además que en el caso de Cataluña sus numerosos impuestos propios le separan de esos primeros lugares ocupados por Madrid, Vizcaya, Álava Guipúzcoa y Canarias. Presión fiscal especialmente significativa en transmisiones patrimoniales, aunque supera claramente a la media, según los datos del Consejo General de Economistas, en especial por los numerosos impuestos propios que tiene.
En el caso concreto del IRPF supone un incremento de hasta el 11% frente a los más bajos, los que pagan los madrileños. Una brecha que además se mantiene a lo largo del tiempo y que para un sueldo medio alto puede suponer hasta una diferencia que supere los 500 euros a pagar.