Hablar de diplomacia informal puede resultar contradictorio, como un oxímoron, pero puede llegar a existir en el entorno empresarial en el que nos movemos actualmente.
El término ‘diplomacia’ tiene dos grupos de significados: el primero se refiere al conjunto de procedimientos que regulan las relaciones entre Estados; el segundo está vinculado a cortesía, habilidad y sagacidad, aunque también se puede traducir como un comportamiento aparente o disimulado. La suma de ambos grupos de significados nos lleva a un significado abierto de la diplomacia como la gestión inteligente de las relaciones entre instituciones o personas.
Mientras que la diplomacia formal pone el foco en las normas y procedimientos, la informal se centra en las personas, cuya naturaleza está impulsada por razones y emociones y que tiene un componente de imprevisibilidad. La diplomacia informal es el nuevo poder blando que convierte las órdenes en sugestiones y los objetivos en vectores de implicación y motivación. Se trata de un poder que cuida tanto las formas como el fondo, porque la cortesía siempre será un valor rentable.
Las empresas se gestionan mediante conversaciones y decisiones. Las primeras remiten a las tareas de pensar estratégicamente mediante la puesta en común de ideas, informar, acordar, alinear y motivar, entre otras. Las segundas apuntan, fundamentalmente, a los procesos de planificación y evaluación. La mayor parte de estas conversaciones y decisiones se producen en entornos formales: reuniones de equipo y comités. El ámbito dotado de mayor rango y formalidad es el consejo de administración de la empresa.
Sin embargo, estas relaciones formales, muy enmarcadas en la jerarquía de la empresa, no son suficientes para garantizar el éxito de un proyecto o de la empresa en sí misma. Es esencial ir más allá de las relaciones que están reguladas, bien por las líneas jerárquicas, bien por las necesidades transversales derivadas de la gestión de un proyecto. Y las empresas se gestionan cada vez más por proyectos y menos por responsabilidades funcionales.