Los que se toman en serio la gestión, sea de sus grupos de interés, sea de la sostenibilidad, de la eficiencia o de la innovación, saben que es fundamental medir. No lo digo yo, lo dijo Lord Kelvin, que este año sería bicentenario: “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre”. Por eso hay muchas empresas y organizaciones que, periódicamente, miden lo que hacen, cómo lo hacen y qué resultados obtienen. De esa manera mejoran más y con más foco que las que no miden.
Evaluarse para obtener un Sello EFQM implica medir. Supone un esfuerzo largo y constante, de manera transversal, dentro de la organización que quiere obtenerlo. Pero sabemos que todo lo que vale la pena, cuesta esfuerzo. Hablamos de un reconocimiento internacional que mide los niveles de eficacia y eficiencia, de innovación y de sostenibilidad en los que se mueve la organización que busca el Sello.
¿Y por qué el Sello EFQM lo buscan organizaciones tan diversas como un gran banco o una pequeña fundación de ámbito local? Pues porque ayuda mucho a generar confianza a todos los grupos de interés. Unos lo hacen para proporcionar evidencias a los empleados de que la gestión y los resultados mejoran, año tras año; otros lo hacen para que la sociedad vea que gestionan con excelencia los recursos que pone a disposición de la organización; otros lo hacen para demostrar a los clientes, no sólo las bondades de los productos o servicios, sino también el sistema de gestión innovador y sostenible; otros tienen en mente a otros eslabones de la cadena de valor (proveedores o distribuidores, aliados y partners), para poder exigirles que se pongan, al menos, al mismo nivel que están ellos, en cuanto a madurez de su sistema de gestión; y, finalmente, otros lo hacen para demostrar a sus accionistas, inversores, patronos o financiadores que lo que hacen con su dinero es optimizarlo, trabajando en la misión de la organización para conseguir los mejores resultados de eficacia y eficiencia.
La consecuencia de obtener un Sello EFQM, a través de una evaluación externa, con evaluadores que son experimentados profesionales de la gestión es descubrir puntos fuertes, en los que apalancarse, e identificar y ordenar las oportunidades de mejora.
La evaluación de la gestión y resultados de una organización permite conocer en qué nivel de madurez está el sistema de gestión de la organización en cuanto a integridad, resiliencia y flexibilidad permitiéndole prepararse mejor para el futuro y las incertidumbres con las que nos enfrentamos a diario. Además de la reflexión estratégica que supone la evaluación, ésta da una medida del avance del proceso de transformación e, incluso, permite tener una base homogénea para hacer benchmarking y compararse con otros, buscando a los mejores, para aprender de ellos.
