En general, el consenso espera (¿o desea?) que la economía no descarrile. Analistas y gestores hablan de una sobrerreacción y nos recuerdan que los bancos centrales siguen ahí, apoyando, con sus políticas monetarias acomodaticias que, más allá de la Fed, tienen vocación de ampliarse, como es el caso del Banco Central Europeo (BCE) y del Banco de Japón (BoJ por sus siglas en inglés).
Sin embargo, no son pocos los que advierten del daño que ha sufrido la confianza inversora, que cada vez son mayores las dudas en torno a la credibilidad (y eficacia) de las autoridades monetarias y, sobre todo, que los bruscos movimientos registrados por los mercados tendrán un impacto (aún sin cuantificar) en la economía real y, por tanto, podrían, cuanto menos, desacelerar el crecimiento.
Pesimistas u optimistas. Alcistas o bajistas. Nos creamos a quien nos creamos, lo que sí parece claro es que el horizonte es incierto, pues las dudas (al menos por ahora) superan a las certezas, y nadie tiene muy claro cuándo veremos la luz al final del túnel.
En este turbulento contexto, las estrategias de inversión basadas en los dividendos ganan enteros. "Aprovecharíamos los repuntes en valores de corte más cíclico para rotar nuestra cartera hacia otros de características más defensivas, que ofrezcan elevadas rentabilidades por dividendo. El entorno de bajos tipos de interés, que esperamos sea duradero, y la falta de atractivo a estos precios de la renta fija hacen de este tipo de valores los más aconsejables para inversores que no quieran asumir excesivo riesgo", recomienda Link Securities.
Coincide el Departamento de Análisis de Bankinter al aconsejar "compañías de alta rentabilidad por dividendo con balances sólidos e ingresos estables", junto a su apuesta por fondos de retorno absoluto y asimilados.